La festividad nació como una cooptación, por parte de la Iglesia Católica, del antiguo festival pagano de los muertos, en sus orígenes celtas y romanos.

“Ángeles somos, del cielo venimos, limosna pedimos y si no nos dan, puertas y ventanas nos la pagarán”.

Los creyentes de varias religiones ven con malos ojos los atuendos y dulces del 31 de octubre. Los fundamentalistas, incluso consideran que disfrazarse y divertirse a propósito de esa fecha, víspera del Día de Todos los Santos, es diabólico y satánico.

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