AFP- Ícono de una era, Isabel II, fallecida tras 70 años de histórico reinado, finalizó este lunes su último viaje en Windsor, adonde llegó en procesión tras su grandioso funeral en Londres para ser inhumada junto a sus padres y esposo.

Miles de personas se amasaron en la gran avenida que conduce al castillo de Windsor para ver llegar el féretro de la reina, transportado unos 40 km en coche fúnebre desde la capital británica.

“Vine a presentar mis respetos y saludarla una última vez al paso del coche fúnebre, como veterano militar era mi deber (…) y no podría estar más orgulloso de que sea enterrada en Windsor”, dijo a AFP Robert MacDonald, de 48 años, vecino de la localidad y que acudió vestido de uniforme.

El coche fúnebre llegó cubierto con flores que las multitudes le tiraron durante su recorrido desde Londres, donde Isabel II había sido homenajeada en unas solemnes exequias oficiales en la Abadía de Westminster.

Allí el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, líder espiritual de la Iglesia Anglicana, alabó la vida de la monarca, dedicada durante siete décadas a su pueblo.

“Las personas que aman servir son infrecuentes en cualquier ámbito de la vida. Los líderes que aman servir son aún más infrecuentes. Pero en todos los casos, aquellos que sirven serán amados y recordados, mientras que quienes se aferran al poder y los privilegios son olvidados”, afirmó Welby.

El Coro de la Abadía de Westminster y el Coro de la Capilla Real hicieron vibrar con sus cánticos a los 2.000 asistentes, incluidos cientos de dignatarios mundiales, del presidente estadounidense Joe Biden al brasileño Jair Bolsonaro; y de los reyes de España –Felipe y Letizia y los eméritos Juan Carlos y Sofía– hasta el emperador Naruhito de Japón.

Una estremecedora fanfarria de los trompeteros de la caballería de la casa real dio paso a dos minutos de silencio, observados en todos los rincones del país, ya sea en las calles, los parques o los bares donde muchos siguieron la ceremonia por televisión.

El oficio terminó con el himno nacional, “God Save the King” (Dios salve al rey), cantado en honor del nuevo monarca Carlos III.

Este siguió después a pie, acompañado por sus hermanos Ana, Andrés y Eduardo, y sus hijos Guillermo y Enrique, la salida del féretro, cubierto con el estandarte real, la corona imperial, el cetro y el orbe, y la procesión de casi 2 km por el centro de Londres. 

El ataúd fue cargado sobre un carro de la Royal Navy que, al son de las marchas fúnebres de Beethoven, Mendelssohn y Chopin, fue tirado por decenas de marinos hasta al Arco de Wellington, en Hyde Park Corner.

Bisnietos de la monarca, el príncipe Jorge, de 9 años, segundo en la línea sucesoria, y su hermana Carlota, de 7 años, siguieron al cortejo en el primero de varios automóviles oficiales, junto a su madre Catalina y la nueva reina consorte, Camila. 

El tercer hijo de los príncipes de Gales, Luis, de 4 años, estuvo ausente de los homenajes.

– Multitudes en las calles –

La víspera del funeral, el Palacio de Buckingham difundió una foto inédita de Isabel II, tomada para su “jubileo de platino” en junio, que la mostraba vestida de azul pálido y luciendo una resplandeciente sonrisa.

Isabel II falleció el 8 de septiembre a los 96 años, cuando pasaba el verano en su residencia escocesa de Balmoral. 

Su salud no dejaba de empeorar desde hacía un año, pero la desaparición de una monarca cuya presencia parecía casi eterna conmocionó al país y al mundo.

El Reino Unido la homenajeó con 10 días de luto nacional, cortejos y procesiones, y una masiva emoción popular que volvió casi imperceptibles las protestas de una minoría de republicanos.

Su hijo mayor, de 73 años, la sucedió como Carlos III. Hasta ahora uno de los miembros menos apreciados de la familia real británica, su popularidad subió en los últimos días.

La Abadía de Westminster no pudo dar cabida a las multitudes de británicos deseosos de acompañar a su reina hasta el final.

Miles de personas esperaron desde primera hora de la mañana en el Mall, la célebre avenida que conduce al palacio de Buckingham, algunos con banderas británicas, para ver pasar el cortejo tras el funeral.

“Es una emoción que no se puede describir, el ver pasar el féretro de la reina”, dijo a AFP Maryann Douglas, enfermera jubilada de 77 años. “Fue mejor de lo que esperaba, tenía lágrimas en los ojos y escalofríos”, reconoció. 

Reunida con sus padres y su esposo

Símbolo de una era de grandes cambios, Isabel II llegó al trono en 1952, en un Reino Unido aún sumido en la posguerra mundial, y se marchó en el 2022 de la pospandemia y el Brexit.

No solo conoció a 15 primeros ministros británicos, de Winston Churchill a la actual Liz Truss, sino también a figuras históricas como el soviético Nikita Jruschev, la madre Teresa de Calcuta o el sudafricano Nelson Mandela. Asimismo, a artistas como Charlie Chaplin, Michael Jackson o Lady Gaga.

En Windsor, donde el féretro pasó ante los amados perros corgis de la reina, fue introducido en la Capilla San Jorge, iglesia del siglo XV, conocida por haber sido escenario de las últimas bodas reales.

En ella se celebraba otro oficio religioso con 800 invitados, incluidos empleados de la difunta reina.

La corona, el orbe y el cetro -símbolos de la monarquía- serán retirados del féretro y colocados sobre el altar. El funcionario de mayor rango de la casa real, el lord chambelán, romperá su “vara de mando” y la colocará sobre el ataúd, simbolizando el fin del reinado de Isabel II.

Después, en una última ceremonia privada, reservada a los familiares más cercanos, la reina será enterrada en el “Memorial Jorge VI”, una pequeña capilla anexa donde ya reposan sus padres y las cenizas de su hermana Margarita.

Los restos de su esposo, el príncipe Felipe, serán enterrados junto a ella, trasladándolos de la cripta real donde se encuentran desde que murió en abril de 2021 con casi 100 años. 

© Agence France-Presse

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