No basta con que sepan leer. Los menores deben comprender lo que leen para lograr procesar la información, sea en español o en otras materias.

Pese a que suena lógico, la realidad es que se trata de uno de los principales problemas en el proceso formativo de Costa Rica y, por eso, se ha convertido en una de las prioridades de la viceministra académica de Educación, María del Rocío Solís. 

El informe del Estado de la Educación, publicado en el 2021, evidenció como las huelgas generadas desde el 2018, aunado a los dos años de pandemia, provocaron un golpe importante en el proceso de aprendizaje de los menores con edades, principalmente, tempranas.

“No solo es necesario que aprendan a leer, sino que comprendan lo que están leyendo. Estamos enfocados en este quehacer. Tenemos algunos proyectos para fomentar la capacidad lectora de nuestros estudiantes”, aseguró Solís. 

Más que demostrado.

El desgaste en el proceso de lectoescritura se evidenció en los resultados de las pruebas internacionales ERCE 2019, realizadas por la Unesco y revelado en noviembre del 2021.

Costa Rica bajó seis puntos en la prueba lectora para los menores de tercer grado, con respecto a la misma evaluación realizada en el 2013; mientras que los estudiantes de sexto grado de la escuela, por el contrario, subieron dos puntos.

Sobre el mismo tema, el informe del Estado de la Educación fue contundente al afirmar que existen reiterados estudios que alertan sobre la situación. 

Allí se advierte que en preescolar, los progresos en lectoescritura emergente son lentos y que en los procesos de enseñanza no se usa suficiente la lectura compartida, que es una de las principales prácticas para el desarrollo temprano del lenguaje y la lectoescritura.

En primaria, el Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo (Terce) de la Unesco destacó que, al concluir sexto año, el 50% de los estudiantes costarricenses se ubicaron en los niveles de desempeño más bajos en competencia lectora. 

Por su parte, el Séptimo Informe del Estado de la Educación, publicado en el 2019, señaló debilidades significativas en la enseñanza de la lengua en este nivel: 75% de los docentes encuestados en la Gran Área Metropolitana consideró la lectura como una práctica obligatoria y poco relacionada al gusto y al placer, lo que atenta contra el fomento del gusto por esta actividad que debe empezar desde el primer año de la educación primaria. 

Otra evidencia de la problemática fueron los resultados de la evaluación de la competencia lectora para secundaria en PISA 2018.  El 74% de los estudiantes se ubicó en los dos niveles de desempeño más bajos de las seis escalas posibles de esta prueba. Tampoco se reportaron avances con respecto a las tres evaluaciones anteriores en las que se participaron.

Los expertos del estado de la Educación son enfáticos en que la necesidad de adquirir una sólida competencia lectora no se limita a los nuevos aprendizajes, es decir al uso de nuevas tecnologías. 

“El auge tecnológico que experimenta la sociedad requiere que los individuos cuenten con competencias superiores a las establecidas por la lectura tradicional. La informatización del texto impreso da cabida a una nueva forma de ser lector, quien construye su propio escrito porque cuenta con la posibilidad de navegar en la red por diversos formatos y no se limita a seguir una ruta ya definida”, cita el informe. 

“Los lectores modernos requieren habilidades superiores: no solo tener la capacidad de identificar aspectos o relacionarse con el significado literal de los textos, sino que deben interactuar con los textos para construir sus propios conocimientos y cumplir con sus objetivos de lectura”, concluye el escrito.

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