Insultos, golpes, chantajes, humillaciones, desprecios, rumores infundados… no parecieran sucesos de origen escolar, sino más bien historias reservadas a contextos violentos; desafortunadamente estas expresiones son parte del bullying que está presente en los centros educativos.

Expertos en psicología advierten que un error común es minimizar las consecuencias que puede acarrear el bullying y rebajarlo al nivel de bromas “normales” entre menores de edad. 

Ingrid Naranjo, experta del Colegio de Profesionales en Psicología, explicó que el bullying tiene amplias repercusiones psicológicas que erosionan el psiquismo y la autoestima, desarrollando crisis de ansiedad, ataques de pánico, síndrome de estrés postraumático y en ocasiones incluso pueden llevar al menor al suicidio. 

El bullying es un acto violento repetido y sistemático entre pares y no solamente un hecho aislado. Este tipo de violencia reiterada no solo es física o verbal, también hay vejaciones psicológicas desde el ámbito digital de las redes sociales, o cyberbullying”, explicó Melania Castillo, experta en la defensa de los derechos de la niñez y adolescencia de World Vision.

En ámbitos educativos es muy relevante conocer qué patrones de comportamiento tienen los niños, niñas y jóvenes involucrados en situaciones de bullying para determinar qué tipo de ayuda requieren.

Víctima, victimario o testigo

En el ecosistema del acoso existen al menos tres figuras de peso: víctimas, victimarias y testigos. 

Las víctimas suelen sentirse culpables de su maltrato e impotentes para resolver su situación, esto les lleva a ser retraídas e indispuestas para la interacción social con sus compañeros. Quienes lo sufren presentan baja autoestima y miedo a la humillación y pueden presentar cambios en su comportamiento y humor. 

Los signos usuales son el llanto repentino, la irritabilidad, las dificultades para conciliar sueño; alteraciones alimenticias, dolencias corporales somáticas, bajo rendimiento académico, repentina aparición de golpes, hematomas o rasguños sin justificación clara, o bien, deterioro marcado o pérdida de pertenencias escolares o personales. 

Los agresores, por su parte, presentan comportamientos violentos y problemáticos y suelen tener bajo rendimiento académico.

En tanto, los testigos de bullying, presentan sentimientos de culpabilidad por no atreverse a detener o denunciar lo que saben que está mal, muchas veces por temor a ser agredidos ellos mismos.

¿Qué hacer como adultos frente al bullying?

Hay que estimular la confianza de los niños, niñas y jóvenes mediante la escucha activa y el diálogo, es la mejor manera de confrontar el riesgo latente y manifiesto del bullying

A continuación, se presentan 8 consejos prácticos para acompañar a niños, niñas y adolescentes:

  1. Reafírme la noción de que denunciar la violencia es un acto valiente y hágale consciente de que usted está para proteger.
  2. Escuche con atención los incidentes violentos que la persona menor de edad relata en casa y pregunte detalles que podrían señalar un posible caso de abuso.
  3. Sea empático con la persona menor de edad que sea víctima o testigo y reafirme que como adulto usted está ahí para protegerlo y ayudarlo.
  4. No minimice, justifique o pase por alto relatos de violencia que le sean comunicados.
  5. Si se entera que el menor de edad bajo su responsabilidad es la persona agresora, evalúe qué comportamientos o actitudes hay dentro del hogar que han motivado este comportamiento.
  6. Si usted está en desacuerdo con el modo en que su hijo o hija manejó la situación de molestia o intimidación, no le regañe.
  7. Gestione sus emociones. Los instintos protectores de un padre o madre provocan emociones fuertes. Aunque sea difícil, mantenga la calma y analice los próximos pasos a seguir.
  8. Mantenga contacto con la escuela, los docentes y líderes de grupo o equipos y promueva que se trabaje el tema del bullying integralmente.

“Según el Colegio de Profesionales en Psicología de Costa Rica, un reporte de la OCDE, en 2017, menciona que Costa Rica ocupaba el segundo lugar de los países latinoamericanos en situaciones de bullying. Como responsables de niños, niñas y jóvenes estamos en la obligación de plantearnos cómo confrontar estas situaciones a través de nuestra acción responsable y atenta”, concluyó Castillo.

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