Por Andrea González M

Tercera entrega. “Eventos extremos y cambio climático: ¿estamos preparados?

La reparación y reconstrucción tras el paso de eventos extremos meteorológicos en Costa Rica podrían llegar a representar el 2.5% del Producto Interno Bruto (PIB) para el 2025, cuando para el 2010 era solamente de un 1% del mismo, equivalentes a ₡202.681 millones, según datos de la Contraloría General de la República. 

La advertencia se da frente a la realidad de un inminente aumento en la intensidad de fenómenos extremos en el país y el paso lento de la adaptación a ellos.

El cambio climático volverá los ciclones tropicales y tormentas severas en fenoménos aún más extremos, aumentará las sequías y también se prevé el aumento relativo del nivel del mar en los océanos alrededor de la región, lo que contribuirá al inundaciones costeras, advirtió el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), condiciones de las que Costa Rica no está excenta.

Los expertos en el país son claros: a Costa Rica le faltan datos para lograr achacar los fenómenos naturales que lo golpean al calentamiento global, para ello se requieren  de estudios de más de 30 años y el historial del país no ha logrado vincularlos; sin embargo, advierten que el aumento en su intensidad sí corresponde al cambio climático. 

Lluvias cada vez más torrenciales que en muy poco tiempo saturan los suelos como ocurrió en Turrialba en el 2021 o en Desamparados este 2022; y sequías extremas que incluso provocan la muerte de fauna silvestre como sucedió en Parque Nacional Palo Verde en el 2015 son evidencia de que ya Costa Rica está en la curva de ascenso a un aumento de temperatura y cada vez más cerca de vivir los efectos negativos del cambio climático.

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“Los últimos informes del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) sí nos indica claramente que con la señal del cambio climático la variabilidad, es decir la intensidad de la niña y el niño, tiende a aumentar. Entonces sí. Vamos a tener problemas de inviernos donde la lluvia se va a concentrar en menos meses al año pero que van a ser cantidades mayores de lluvia con todos los problemas que esto trae”, explicó Pascal Girot, director de la escuela de geografía de la Universidad de Costa Rica.

Cuando se habla de fenómenos extremos se refieren a eventos atmosféricos de gran escala que exceden los niveles normales registrados o acostumbrados, que causan incidentes y daños en sistemas vulnerables como asentamientos con riesgo de deslizamiento.

José Retana, de la unidad de desarrollo del Instituto Meteorológico Nacional (IMN), explicó que las zonas donde hay mayor asentamiento es dónde se presentará el mayor registro, debido a los posibles daños. No así en zonas boscosas, por ejemplo. 

“Aunque no se pueda establecer una tendencia estadística la información que existe es vital para cuestiones de adaptación, planificación, para disminuir y gestionar el riesgo”, añadió. 

Según la Contraloría General de la República esos costos por reparación y reconstrucción tras el paso de eventos extremos podrían llegar a representar un 2.5% del Producto Interno Bruto (PIB) para el 2025, cuando para el 2010 era solamente un 1% del mismo, es decir ¢202.681 millones.  

Solo el huracán Otto generó daños y pérdidas en el 2016 por ¢106.258 millones y una afectación directa a 10.831 personas en 461 poblados, así como 10 personas fallecidas en los cantones de Upala y Bagaces entre ellos los familiares de Berta e Isidro, quienes sí lograron sobrevivir entre el barro y el desastre.

En tanto la tormenta tropical Nate, que impactó el país por únicamente tres días en el 2017, ocasionó pérdidas y daños que sumaron más de ¢327.160 millones de colones (el equivalente al 1% del PIB para ese año), además de 14 personas fallecidas y el desplazamiento de 11.517 personas que debieron buscar refugio. 

Vulnerabilidad mapeada 

El informe del Panel Gubernamental del Cambio Climático asegura que el paso y aumento en la intensidad de estos fenómenos afectan a las poblaciones más vulnerables, multiplicando así la inequidad del país. 

Según el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático el sector agropecuario y pesca serán de los más afectados ante los efectos del calentamiento global, además del recurso hídrico y la biodiversidad.

“El problema es que a nivel anual sería la misma cantidad de lluvia, pero si esa lluvia se centra en tres meses en vez de seis trae problemas porque son enormes cantidades de agua para el cual ni la agricultura ni las ciudades están preparadas y están muy expuestas”, explicó Girot.

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El mapa de dónde se dan esos fenómenos extremos ya están trazados en Costa Rica.

La sequía afecta la depresión del tempisque con todos los cantones aledaños, desde las junta de Avangares, Liberia, Carrillo, Santa Cruz, Nicoya, y Nandayure, donde tiene un foco de sequía más intensa.

Luego se desplaza por la costanera hasta el Pacífico Central y llega a la Región central por la depresión del Tárcoles, se asienta en todo el GAM incluso en las partes altas de Cartago, si es fuerte puede sobrepasar al caribe sur y luego bajar al Valle del General y Pacífico Sur. 

La sequía más extrema se dio en el niño del 2015 que afectó no solo la parte agrícola sino el confort social en el Gran Área Metropolitana donde se dieron razonamientos grandes y cortes de electricidad. 

Mientras que los focos lluviosos son mucho más fluctuantes pero con alta incidencia en Caribe. 

Para José Retana, experto investigador del Instituto Meteorológico Nacional (IMN), conocer el sitio donde uno vive y las condiciones del clima que ahí se presentan es vital para “asumir el propio riesgo”.

“El problema es la vulnerabilidad con la que nos estamos exponiendo al factor clima. No se necesita realmente vivir en una condición marginal, tener una condición social o no se necesita un tipo de pensamiento equis, para que quede catalogado como una persona en alto riesgo. Podrá ser vulnerable socialmente, pero no necesariamente tiene un riesgo implícito en eso”, afirmó Retana.

Girot fue enfático en que esa vulnerabilidad no es exclusiva de comunidades aisladas, periféricas, ubicadas en zonas costeras. 

“Lo crítico es que ud puede tener un buen nivel socioeconómico, no ser vulnerable o estar en condición de riesgo social, pero estar ubicado en una zona problemática porque está viviendo a la par de un río que se sale o viviendo en una zona costera”.

La mayor cantidad de muertes por eventos extremos ocurrieron por deslizamientos, donde la rapidez con que se movilizan miles de metros cúbicos de material no deja margen para que las personas puedan ponerse a salvo.

La muerte es el mayor impacto de un evento meteorológico extremo. Entre 1985 y el 2015 han fallecido 546 personas. Luego de los deslizamientos, las inundaciones, las lluvias y las tempestades, son los eventos que generaron más muertes (103 fallecimientos).

A diferencia de otras regiones del mundo donde son las mujeres quienes lideran las listas de fallecidos en Costa Rica son los hombres quienes pierden mayoritariamente la vida en eventos extremos y ese patrón se mantiene en todas las provincias, según el “Análisis de la Mortalidad por Eventos Meteorológicos Extremos en Costa Rica” realizado por el IMN y publicado este 2021. 

Las provincias donde se han reportado más muertes y afectados son Puntarenas, San José y Limón.

Retara aclaró que si bien el estudio no está enfocado en la sociología costarricense sí deja en evidencia una característica asociada al género y la figura de “hombre protector de bienes”.  

“Hay una falsa seguridad ante una amenaza, y eso nos puede estar jugando no sólo la huerta o nuestra producción agrícola, sino también estar atentando contra la vida”, añadió. 

Este tipo de análisis sobre el clima y la determinación de áreas de riesgo son vitales para evitar perder más vidas con el incremento de lluvias extremas o sequías consecuencia del aumento de la temperatura en el planeta.

Sufrir de los graves efectos del cambio climático dependerá si al 2050 se logra reducir las acciones contaminantes y generadoras de Co2 o no. Algunas medidas mundiales tomadas para ello es el Acuerdo de París; sin embargo, investigaciones ya mencionan que son pocos los gobiernos que realmente están actuando para evitar el aumento de emisiones.

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