Una vez que el PAC llegó al poder, el camino que tenía por delante no era para nada plano. Todo lo contrario. Debía levantar a una Costa Rica sumida en una crisis económica y social. Si a eso se le agrega que, durante los últimos años, el país fue golpeado por dos importantes desastres naturales y una pandemia, la tarea se pone aún más cuesta arriba.

Pero, entonces, más allá de la dificultad, ¿qué se hizo bien, qué se dejó de lado y qué provocó la desaparición del PAC en estas elecciones? 

Lo bueno

Los analistas consultados coinciden en que el fuerte de las dos administraciones de Acción Ciudadana fue realzar los derechos humanos de minorías, como la población gay.

“Yo diría que hay elementos: uno que en términos de reivindicación de derechos, los gobiernos del PAC atendieron las demandas por las diversidades”, acotó el experto Carlos Sandoval.

“Quizás el elemento que podría uno señalar como el más distintivo y que podríamos decir que es fruto de la coyuntura, sin obviar la voluntad política, es el énfasis a la agenda de Derechos Humanos de ciertas minorías o colectivos que por mucho tiempo reivindicaron la necesidad de visibilizar sus derechos, sino que efectivamente se implementaran. Ese tema podría ser de los elementos más distintivos en dos administraciones, pero con más énfasis en la segunda”, señaló otro analista, Sergio Alvarado.

Pero, en definitiva, uno de los mayores logros del gobierno de Carlos Alvarado fue conseguir la reforma fiscal, una reforma que distintos gobernantes habían intentado hacer desde muchos años atrás.

Si bien la grave situación que aquejaba la economía del país fue importante para estas administraciones, también lo fue el asunto ambiental. 

“Podríamos decir que, en un giro que da la segunda administración con respecto a primera, se le dio más énfasis al tema de control fiscal, provocado por la realidad económica y fiscal que se volvía insostenible (…) Un compromiso país, pero que hay que reconocerlo a estos gobiernos, tiene que ver con la mitigación, adaptación al cambio climático, la búsqueda de la carbono neutralidad, la búsqueda de consolidar una migración de nuestra matriz energética a energía renovables, limpias y generando alternativas de fuentes energéticas”, describió Araya.

Otro punto a resaltar de estos ocho años fue el manejo ante hechos históricos como los dos desastres naturales más grandes de los últimos tiempos: los huracanes Otto y Nate, así como la pandemia por nuevo coronavirus, que aún sigue azotando a Costa Rica.

“Ambas administraciones enfrentaron momentos duros: Luis Guillermo Solís con la llegada del huracán Otto, que afectó parte del territorio costarricense. Ese manejo de crisis le valió reconocimiento de propios y extraños. Por supuesto de la presente administración, el tema de la pandemia, de la cual no hemos de todo salido”, apuntó Araya.

“En el caso de la pandemia, que ha sido el evento más dramático, me parece que la sociedad y su gobierno lo han manejado muy bien. Hay detalles y hay sus cosas, pero la valoración a mi juicio es muy positiva. Y si usted compara las tasas de vacunación de América Latina, salimos muy bien”, enfatizó Sandoval.

Lo cuestionable

Tanto para analistas como para personas que estuvieron inmersos en la política durante estos ocho años, lo más cuestionable para ambos gobiernos fue el tema de la corrupción. Sobre todo porque ese era, precisamente, su estandarte de lucha.

Se tiene claro que es un fenómeno que costará erradicar de la arena política, pero cabe recordar que durante estos dos periodos se reventaron graves casos de corrupción, como el ya bien conocido Cemento Chino.

Esta cuestionable red se descubrió a mediados del 2017, cuando Luis Guillermo Solís estaba al mando. El asunto era tan grave que involucraba, entre otras figuras políticas, al exmagistrado de Sala Tercera, Celso Gamboa, como al exfiscal general, Jorge Chavarría. El primero fue destituido de su puesto, mientras que Chavarría reactivó su jubilación y se fue.

Después, se revelaron asuntos tan delicados como el caso UPAD, Cochinilla, Azteca y Diamante, donde se dejaban ver supuestas redes de tráfico de influencias que supuestamente les permitía obtener importantes beneficios económicos. 

“La gente está cansada de la corrupción y esta viene en aumento y es algo que como sociedad  e institucionalidad no se ha abordado correctamente. Los medios han tenido un papel importante porque ahora la gente dice que hay más corrupción, pero yo creo que es que se conoce más, se denuncia y antes se mantenía en un subsuelo, había grados de discrecionalidad que hoy no se permiten”, aseguró.

“Me parece que los casos que han surgido son producto de la acumulación de años, es decir como secreto de familia. Para usar una imagen frecuente, que barremos para adentro y dejamos la basura detrás de la puerta, alguien la sacó y eso salpica muchísimo y quien más lo recibe es quien está en gobierno”, apuntó Sandoval.

Además de la corrupción, se considera que los dos presidentes se abocaron más en atender temas de derechos humanos, sin prestarle la misma atención a disminuir la desigualdad, que hoy nos coloca como uno de los países más desiguales de América Latina.

“La política exterior, creo que en el gobierno de Solís perdimos la oportunidad de construir una agenda regional, centroamericana (…) En otros temas no salimos muy bien. Diría que hay dificultad grande en constituir equipos de gobierno, a los dos gobiernos les faltó balance generacional para hacer pesos y contrapesos”, apuntó Sandoval. 

Sin embargo, una de las situaciones que más provocó el descontento social fue que el cambio que tanto se promulgó, al final no llegó.

“Dicen los estudios que dan seguimiento al alcance de las políticas públicas que al menos en la primera de las dos administraciones (…) en muchas líneas fueron políticas que se catalogan políticas de Estado, no sufrieron mayores variantes con respecto a lo que se venía haciendo en gobiernos liderados por otro partido”, señaló Araya.

La desaparición

Este cúmulo de decepciones y desilusiones desencadenaron que, tras las elecciones del 2022, el partido que fue el oficialista durante ocho años, desapareciera completamente del escenario. 

Welmer Ramos, su candidato presidencial, no recibió ni un 1% de los votos emitidos en esa contienda, desterrándolo de la posibilidad de competir en una segunda ronda. Que Ramos no quedara electo no resulta del todo extraño debido a que en la historia de Costa Rica moderna nunca antes un mismo partido había sido electo en tres ocasiones consecutivas.

Sin embargo, el descalabro no termina ahí. El PAC no obtuvo ni una sola curul en la Asamblea Legislativa, condenándolo así a no tener voz en este cuatrienio que empieza el próximo 8 de mayo.

“Es más que simplemente tuviera dos gobiernos sobre sus hombros. Una de las fuentes de las que se nutrió el PAC para construir sus gabinetes y equipos de gobierno fueron universidades estatales y algunas de las decisiones adoptadas al amparo de la reforma fiscal o del empleo público directamente tocaban intereses de estos sectores y esto fue minando apoyos que había ido construyendo y que de alguna forma fueron importantes para los dos triunfos electorales”, señaló Araya.

¿Hay futuro?

Pero, si vemos hacia adelante, ¿es posible el resurgimiento de un debilitado PAC?

“¿Será el fin del PAC? No sé. Hay que darle tiempo al tiempo. Dependerá de cómo avanza el nuevo gobierno y de cuáles partidos se consolidan. No apostaría ni por un resurgimiento ni por el fin del PAC. Es muy temprano para concluir, hay que dar tiempo y evaluar qué podría pasar”, acotó Sandoval.

“No me extrañaría que en un par de elecciones repunte el PAC porque quedó alguna masa, algún semillero de personas que probablemente siguen dándole al PAC importancia o que consideran que ideológicamente sigue respondiendo. No me extrañaría, no sé en cuánto tiempo pero puede que sí surja, porque es algo que se ha dado y en el país no sería la primera vez que se dé”, concluyó la experta.

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