La adopción es algo que no debe tomarse a la ligera. Es un acto no solo de amor y de ver cumplido un sueño, sino que también es un gran acto de responsabilidad. A partir del momento en el que se tiene la posibilidad de tener un niño, este dependerá exclusivamente de su nueva familia.

Sin embargo, hay familias que no entienden lo que significa adoptar a un niño hasta que lo tiene en su casa. Y ahí es donde ocurre lo que nadie quiere: la interrupción del proceso o, en palabras llanas, la devolución del menor al Patronato Nacional de la Infancia.

Si bien no es una situación demasiado frecuente, el PANI confirmó que, en promedio, manejan cuatro interrupciones anuales.

Jorge Urbina, jefe del departamento de Adopciones del Patronato, mencionó: “No se maneja por año, se maneja de manera casuística, es decir por expediente puntual, porque las interrupciones podrían no darse en el mismo año de la ubicación.  Además, hay interrupciones que por sus condiciones permiten reubicaciones rápidas.  En promedio nosotros hemos venido manejando cuatro interrupciones anuales en las que no se logra restituir una protección adoptiva en el mismo año de la interrupción”.

Sobre esto, Maureen Solís y quien también es magistrada suplente de Sala Segunda, indicó que, en su experiencia como jueza, solo recuerda un caso de estos, pero que la marcó por la manera en cómo se dio.

“Hace muchos años tuve una pareja que adoptó a un niño, era internacional, se lo iban a llevar para Panamá y en el aeropuerto lo dejaron abandonado. Lo subieron al avión para que regresara a Costa Rica porque cambiaron de opinión. Hace dos décadas que viví esta experiencia. ¿Cómo decirle a un niño que su familia de origen no lo quiso y que su familia adoptiva tampoco?”, rememoró la juzgadora.

Mencionó que estos casos ocurren porque los adoptantes llegan con la idea de conseguir un hijo “perfecto” y al ver que eso no ocurre, deciden echar marcha atrás con el proceso, sin dimensionar el daño emocional que esto puede generar en el menor.

“No se trata de que el niño será perfecto porque la perfección no existe y, en consecuencia, cuando una persona tiene una imagen o un arquetipo de un hijo y eso no se cumple con el niño adoptado viene esa nefasta decisión, que podría ser menos grave que permanecer esa criatura con esa persona que ya no quiere hacerse cargo de esa paternidad o maternidad asumida”, dijo.

La psicóloga del PANI, Marta Céspedes, expresó que, si bien son hechos nada frecuentes, sí se han presentado e implican un trabajo mayor, porque hay que hacerle entender al menor que lo que ocurrió no es su responsabilidad y ayudarlo también a soltar el gran temor que le queda ante la posibilidad de pasar por un nuevo proceso.

“No es tan frecuente, pero sí se ha presentado. Cuando se da una interrupción de este proceso, ese niño recibe toda la atención psicológica y cuando ya esté superado todo eso, se piensa en la posibilidad de una nueva ubicación. Obviamente sí, en esta siguiente ubicación, hay algún temor, ansiedad porque ya pasó y podría repetirse y trabajamos con eso. Es importante destinar todo el tiempo necesario de acuerdo al proceso de ese niño”, aseguró la psicóloga.

Justo para impedir estas exposiciones tan innecesarias, es que el PANI procura una gran rigurosidad en el proceso de adopciones, ya que el objetivo principal siempre será evitarle más sufrimiento al menor de edad.

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