Artículo de opinión de 40 miembros del Partido Acción Ciudadana: Alejandra Arburola Cabrera – Alejandro Ross Muñoz – Alicia Vargas Porras – Ana Gabriel Zúñiga Aponte – Ana Karen Cortés Víquez – Carolina Hidalgo Herrera – Catalina Montero Gómez – Clara Emilia Padilla Gutiérrez – Eduardo Solano Solano – Elizabeth Fonseca Corrales – Enrique Sánchez Carballo – Erlinda Quesada Angulo – Fabián Solano Fernández – Gonzalo Coto Fernández – Gustavo Machado Loría – Helga Mayra Álvarez Salazar – Jorge A. Camacho Ramírez – Joselyne Sánchez Soto – Juan Carlos Fernández Rodríguez – Juanita Sequeira Ortega – Karla Arrunátegui Madrigal – Laura Guido Pérez – Luis Felipe Arauz Cavallini – Luis Fernando León Alvarado – Luis Guillermo Solís Rivera – Luis Ramón Carranza Cascante – Margarita Bolaños Arquín – María del Carmen Chacón Trejos – María Eugenia Bozzoli Vargas – Mario Castillo Meléndez – Nancy Marín Espinoza – Nielsen Pérez Pérez – Norman Eduardo Hidalgo Gamboa – Oscar Mario Jiménez Alvarado – Verónica Fernández Álvarez – Víctor Barrantes Marín – Víctor Morales Mora – Welmer Ramos González – Yamileth González García – Yendry Sequeira Montoya –

El PAC nació al calor de una ciudadanía deseosa de abrir la política a nuevas voces, combatir los abusos en la administración pública y superar los problemas de distribución y generación de riqueza en las capas medias y bajas de nuestra población. Esta misión, que apenas ha dado sus primeros pasos, ha sido catalogada en esta campaña electoral como un experimento fallido, ignorando con ello múltiples resultados positivos y la turbulencia de los tiempos enfrentados.

En 2014 recibimos el país a las puertas de una crisis por crecientes niveles de endeudamiento, una estructura de gasto público insostenible de creación reciente, el aumento de la desigualdad y alta conflictividad social. Este escenario fue contenido gracias al ánimo de nuevos liderazgos de explorar alternativas a las recetas que llevaron a la pérdida de confianza en el bipartidismo.  Confirmamos que sí era necesaria una gestión alejada de encasillamientos ideológicos, libre de condicionamientos y abocada a abrir los márgenes de participación política a más sectores, más poblaciones y todas las fuerzas productivas posibles, para darle perspectiva a nuestro trabajo y confianza a la nación.

Así se logró trazar la ruta hacia el fortalecimiento de las finanzas, robustecer la lucha contra la evasión y la elusión, poner límite a las convenciones colectivas, y acelerar la ejecución de créditos internacionales.  También fue posible reactivar la construcción de obra pública vial, educativa, de vivienda y agua potable, incursionar en nuevos mercados turísticos, y propiciar el surgimiento de la Banca para el Desarrollo. Ello se consiguió anteponiendo la responsabilidad a los aplausos, dando seguimiento feroz a los proyectos y escuchando a trabajadores y empresarios por igual.

Reconocimos que los motores de la economía eran reflejo tanto de éxito como de desigualdad social, por lo cual debían darse cambios paulatinos para ajustar los desbalances del pasado. Mejoramos nuestro perfil comercial y de inversión siguiendo la voz de los exportadores, quienes superaron todas sus metas anuales; a la vez, dimos un respiro a las familias productoras en la colocación de sus productos. 

La disminución del interés de tarjetas de crédito, el rescate del PAI, la simplificación de trámites, así como la transformación de Correos de Costa Rica en un aliado logístico -junto a SINPE Móvil- de los emprendimientos de todo el país, fueron vitales para enfrentar los efectos de una matriz productiva altamente competitiva, pero con desafíos de inclusión y justicia distributiva.

Elevamos nuestros compromisos medioambientales dirigiendo los esfuerzos hacia la preservación de los humedales, los ríos, el mar y su gente, generando energía renovable y proyectando las aspiraciones de descarbonización varias décadas hacia el futuro.

Atendimos a las poblaciones más cercanas a la discriminación y la exclusión. Con ellas se logró dar progresividad a sus derechos disminuyendo la pobreza mediante “Puente al Desarrollo”, se crearon mecanismos para su autonomía plena, potenciando nuevas capacidades laborales, y procurando los cuidados necesarios en cada etapa de sus vidas, sin que nada de ello dependiera de quiénes seamos ni de cómo nos amemos.

Eliminamos el grillete partidario a la asignación de presupuestos y competencias de las comunidades. Bajo las coordinaciones establecidas desde Tejiendo Desarrollo y los COREDES se realizaron las aportaciones más importantes a la descentralización y al desarrollo de los territorios, se entregaron miles de títulos de propiedad postergados, y se “enterraron” millones de dólares en acueductos para asegurar agua potable en prácticamente todo el país.

Supimos hacer mucho con poco en la atención de emergencias por el cambio climático, flujos migratorios y la pandemia del coronavirus. La lucha contra la COVID-19 dio resultados y la epidemia está controlada. Gracias al Bono Proteger evitamos que la pandemia arrasara con nuestra clase media. El pago del 50% de la deuda del gobierno con la CCSS en 2016 fue una inyección de recursos vital para enfrentar la crisis y avanzar hacia nuevos hospitales.

El PAC se abocó a sentar las bases para un futuro en el que el reconocimiento de derechos, la concertación y el desarrollo sostenible comprometerán las agendas del multipartidismo. El ingreso a la OCDE, el tren eléctrico, el Centro de Convenciones, la modernización del INA, la nueva política educativa, el restablecimiento de la FIV, los avances hacia el matrimonio igualitario, el remozamiento portuario y aeroportuario, la contundente contribución a la lucha contra la criminalidad, el plan de descarbonización, las transformaciones tributarias, el impulso al bienestar animal, el “Agua para Guanacaste”, y la creación del Consejo Consultivo Económico y Social son iniciativas que aún no destilan todo su potencial, pero ya marcan la gestión de las transformaciones del bicentenario.

Trabajamos a conciencia, con honestidad y entregando todo por Costa Rica. Hoy cargamos con acusaciones por políticas públicas que seguimos considerando luchas justas: la apertura del duopolio del cemento, el cierre de Bancrédito y la apuesta por sustentar las decisiones en datos. El juicio político y mediático ha logrado que se entiendan como insultos a la dignidad del país, tratándose, en realidad, de esfuerzos para erradicar el clientelismo, atender las disparidades productivas y elevar la eficiencia de la administración pública. Sobre estos y otros asuntos, como es el caso “Cochinilla”, la ciudadanía puede tener la confianza de que actuamos de buena fe, sin buscar enriquecimientos ni ventajas indebidas y que daremos las cuentas que tengamos que rendir sin postergaciones ni disimulos.

El pueblo nos envió un potente mensaje en febrero pasado.  Lo recibimos con respeto y humildad.   En los próximos años, nos abocaremos a reflexionar y reformar lo que corresponda con calidad y prontitud.  Lo haremos asumiendo con responsabilidad las obligaciones financieras.  Lo haremos convocando al diálogo ciudadano del que surgimos. Lo haremos con sentido autocrítico, pero sin dejar de defender el legado de dos décadas de servicio llenos de frutos.

Pero lo haremos principalmente porque creemos que, pese a las críticas y errores, el PAC sigue siendo necesario para Costa Rica.  Lo es porque nuestro país tiene que defender el Estado Social de Derecho, la libertad de pensamiento, y la lucha contra las injusticias sociales.  Lo es porque las mujeres deben tener iguales oportunidades de desarrollo humano y también han de tenerlas las personas LGTBI y aquellas que, como las afrodescendientes, indígenas y de personas con discapacidades, continúan en los márgenes de las políticas públicas.  Lo es porque las fuerzas de la política tradicional y sus representantes siguen sin aprender las lecciones del presente y languidecen presa de intereses que, con enorme arrogancia, desean volver a aprisionar el alma de la nación.  Y lo es, en suma, porque este Partido es patrimonio del pueblo que decidió cambiar.

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