Residuos: una basura en el ojo de Costa Rica. Tercera entrega

Por Andrea González

El vertedero de Turrialba recibe diariamente unas 70 toneladas de basura. Ahí llega de todo. Plásticos, restos de comida cruda y cocinada ya en estado de pudrición, metales, vidrios, en pocas palabras todo lo que pueda caber en bolsas negras y que el camión de la basura logre recoger. 

Este sitio vio la luz en 1997 y al igual que relleno sanitario de La Uruca se supone tiene los días contados. 

La diferencia es que este es un verdadero basurero a cielo abierto. No hay tratamiento de lixiviados, recuperación de gases o estudios de impacto ambiental que hayan dado pie a su apertura y que ayuden a calcular la gravedad de los daños. Su administrador es la Municipalidad de Turrialba.

La basura que llega ahí proviene de Turrialba, Jiménez y Alvarado de Cartago, y nada de lo que llega está clasificado. Esa tarea la realizan los buzos. 

Se estima que junto a los zopilotes trabajan unas 30 personas, incluidos menores de edad, vecinos del relleno, que se dedican a rescatar el material que nosotros desde casa ya deberíamos de haber separado y recolectado. 

Lo que más se paga es el cobre, pero también se saca latón, plástico, metal, poco papel porque se descompone o se ensucia. Estas personas podrían ganar unos dos mil colones al día y el día bueno llega a 8 mil.

Uno de los últimos eslabones en la cadena del aprovechamiento de los residuos son precisamente quienes compran lo que nosotros vemos como basura y lo convierten en toda una industria. 

Este es el caso de Audir Aguilar, un empresario que desde hace 19 años se dedica a aprovechar los desechos para exportarlos o procesarlos. Según sus cálculos anualmente podría mover cerca de 450 millones de colones al procesar más de 60 toneladas de residuos a la semana. 

“Nosotros vivimos de esto y no solo nosotros, hay un montón de gente de Turrialba que viven de eso, que se dedica a comprar en las casas o pedir regalado o como sea, lo traen y nosotros se lo compramos”, comenta.

Aguilar inició en esto hace 18 años cuando no había mucho trabajo y con su camión empezó a jalar chatarra.

“En ese tiempo se botaba todo lo que era plástico se encontraban chatarras en los ríos. Ahora usted no consigue nada en los ríos, aquí en Turrialba no porque nosotros compramos todo eso, entonces ha ayudado a limpiar un montononón el país”, asegura.

Negocios como el de Aguilar también reciben materiales que se recolectan en los famosos centros de acopio municipales, en las jornadas comunales de reciclaje y principalmente recolectores independientes como el del famoso audio: “Estimados vecinos de esta comunidad…”.

Aguilar dice que no tiene competencia en la zona de Turrialba y lamenta que el negocio no sea visto como una verdadera industria cuando en otros países es fuente importante de empleo. 

La Red Lacre estima que en el país existen unos 500 recicladores. 

Datos del Ministerio de Hacienda indican que en el año 2018 se exportaron 6.800 toneladas de plástico a diferentes paises, incluidos Estados Unidos, Corea, El Salvador, Hong Kong, Viet Nam, Honduras, Indonesia, Perú y Canadá; 71 mil toneladas de papel para su reciclamiento, 111 mil toneladas de chatarra y 9.400 toneladas de aluminio.

Estos registros muestran que existe un mercado activo en el manejo de subproductos, el cual no ha sido identificado e internalizado en los datos de reciclaje que maneja el país.

La falta de una industria del reciclaje local generó que durante la pandemia muchos valorizables se trataran como basura ordinaria ante la imposibilidad de exportar materiales por el cierre de fronteras y fue así como el mínimo esfuerzo de muchos vecinos de sacar su material reciclado y separado también se tiró a la basura.

“En Costa Rica todavía no se procesan los residuos, no hacemos el proceso para que un plástico vuelva a ser su materia prima. Sí se vio una falla porque los países que recibían el reciclaje cerraron puertas, entonces teníamos un montón de camiones con residuos valorizables que no iban a salir. Entonces estos se convirtieron en basura común y terminaron en el relleno sanitario”, justificó Glenda Fernández, gestora ambiental de la Unión Nacional de Gobiernos Locales (UNGL).

La UNGL junto al Instituto de Desarrollo Rural (Inder) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) trabajan en la creación de una planta de tratamiento de residuos, cuyo fin es aprovechar el material valorizable antes de que llegue a un relleno sanitario. Sí, parte de la tarea sería abrir las bolsas de basura ordinaria para rescatar lo aún pueda tener valor.

El proyecto está mancomunado entre los cantones de Cartago y el de Desamparados. Actualmente se encuentra en etapa de prefactibilidad. Aún no se ponen de acuerdo en una locación.

“¿Qué queremos hacer? Bueno, lo que hacen otros países que compran los residuos y los gestionaría para producir materias primas o productos co-procesables o otros productos con material reciclable”, menciona Fernández.

La estación proyecta incluso la generación de biogás a través de la recuperación de orgánicos y combustible a base de residuos que eventualmente se pueda utilizar en los camiones recolectores. 

“Los materiales entran se hace separación fisico mecánica, al final las personas verifican que el material esté separado adecuadamente. Siempre va a salir algún porcentaje de materiales no valorizables que siempre tendrán que trasladarse a un relleno”, explicó Lorena Vallejo, gestora de residuos de la Municipalidad de Turrialba.

Municipalidad sin fuerza.

Pese a que las municipalidades son el otro eslabón de la cadena al ser las responsables de la recolección separada de los residuos la normativa de la ley 8839 de Gestión Integral de Residuos no contempló mecanismos para que los ayuntamientos pudieran fiscalizar, tampoco les dotó de herramientas administrativo-financieras para ejecutar sanciones o cobrar por el sistema de recolección implementado. 

“Aunque la ley dice que hay que tener recolección separada y rutas de recolección hay más de 45 municipalidades que no tienen rutas, recogen en el centro y luego no se extienden a las comunidades. Falta afinar la ruta de recolección afinada, que separen en las fuentes de dónde se produce, en la casa ya tiene que salir separado y no en la bolsa todo junto. Para todos lo fácil es echar todo y póngalo ahí, porque no tienen ese contexto de afectación a su entorno ambiental y propia salud“, menciona Mora.

La falta de recursos, equipo preparado, la distancia entre distritos, y las complicaciones físicas para el traslado de esos materiales a un centro de acopio son las principales excusas de las municipalidades ante un manejo irresponsable de la basura. 

Según el informe de la Contraloría, para el 2016, 87 distritos de los 481 no contaban ni con la recolección ordinaria de basura, ubicados principalmente en zonas fuera del Gran Área Metropolitana. En tanto, el Estado de la Nación fue contundente al asegurar que no se muestran avances en la recolección separada de residuos.

Son pocos los ayuntamientos han logrado trabajar aunque sea parcialmente en el tema. Turrialba es uno de ellos que a través de su plan de recolección logra recuperar unas 30 toneladas de residuos. 

Este ayuntamiento también está corriendo para encontrar una solución al pronto cierre del basurero a cielo abierto. Su estrategia es diseñar una estación de transferencia en una parte segmentada de la finca donde está hoy el basurero. La inversión es superior a los 1.000 millones de colones que serán financiados por el Banco Popular y se espera entre en operación en el 2023. 

Sin embargo, el plan lo único que hará será trasladar las 70 toneladas de basura de su gente a otro relleno, es decir llevarle el problema de la basura, la contaminación y malos olores a otra comunidad. Sin tratarla previamente, al menos hasta que la estación de tratamiento sea una realidad. 

Intentar recuperar la materia orgánica antes de que se vuelva lixiviado es otro de los retos del país. El Ministerio de Salud ya trabaja en el plan Nacional de compostaje, se han repartido miles de composteras a nivel nacional a través de donaciones de entidades internacionales y los ayuntamientos. Además ayuntamientos como el de Turrialba ya trabajó en un plan piloto junto al Catie para la producción de compost con ayuda de insectos. 

Las estrategias de economía circular empiezan a sonar en distintos sectores sin materializarse, la responsabilidad empresarial aún no es voluntaria y tampoco se puede castigar por ley. 

Falta conciencia ambiental en todos los actores sociales y coraje para dejar de culpar a otros de las consecuencias de nuestros actos, y hacernos de una vez por todas responsables de lo que nadie quiere y todos generamos: la basura.

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