Residuos: una basura en el ojo de Costa Rica . Segunda entrega

Por Andrea González

El próximo mes de junio la Ley para la Gestión Integral de Residuos (8839) estará de manteles largos. Llegará a los 12 años desde que vio la luz, aunque todo este tiempo no le ha servido de mucho para hacerse valer, pese a la creación de planes como la reducción de plásticos de un solo uno y al surgimiento de esfuerzos aislados de reciclaje: la basura sigue en incremento.

La ley señala al Ministerio de Salud como el responsable de regular y velar por el manejo integral de los residuos en el país, sin embargo, esta cartera no ha podido hacer frente a la titánica tarea, más en un entorno en el que nadie desea hacerse responsable de sus desechos, incluidos los mismos ciudadanos.

Ese limitado control se evidencia en la falta de información que maneja ese Ministerio y la herrumbrada articulación con otros actores, así señalado por Estado de La Nación en su informe Gestión de Residuos Sólidos en Costa Rica, publicado en el 2019. 

Las municipalidades deben de cumplir con la recolección separada de residuos. Sin embargo, Salud desconoce su alcance. Foto: SINART.

La Contraloría General de la República en el informe publicado en el 2016, también hizo ver la carencia de datos para medir el avance en la materia.

Para el 2020 Costa Rica generó 1 millón 450 mil toneladas de residuos, 240 mil toneladas más que en el 2016 cuando se registraron 1 millón 218 mil toneladas. En otras palabras, actualmente producimos cerca de 4.000 toneladas al día de residuos; algo así como unos 300 autobuses llenos de basura. 

En el año 2020 únicamente el 6,2% de toda esa basura se logró recuperar a través de reciclaje, compostaje o coprocesamiento; 83,9% fue directo a los rellenos sanitarios o vertederos sin manejo previo, y sobre el restante 9,9% se desconoce su paradero, según el Ministerio de Salud.

Siendo el Ministerio de Salud el responsable legal de supervisar el manejo de desechos en el país, desconoce el destino final de unas 400 toneladas diarias de basura.

La fotografía se ve aún más oscura al compararla con las estimaciones del Estado de la Nación que asegura que únicamente el 78% de esos residuos es lo que llega a los botaderos o rellenos, es decir unas 880 toneladas diarias.

Para el 2019 al menos 87 distritos no contaban con la recolección de basura ordinaria, a pesar de que todas las municipalidades deben de tener un plan para el manejo responsable de los residuos.

ESTADO DE LA NACIÓN, 2019

Al respecto Salud afirma que los 82 cantones del país disponen de una estrategia aprobada; sin embargo, desconocen de su avance o implementación. Eso sí, reconocen que unos planes son mucho más agresivos que otros. 

Según el Ministerio de Ambiente y Energía -otra de las figuras claves en la Ley General-, únicamente 64 municipalidades cuentan con el plan de manejo responsable de residuos; en tanto la Unión Nacional de Gobiernos Locales (UNGL) mide quienes sí lo están cumpliendo según la cantidad de municipalidades que cuentan con la categoría de bandera azul, que para el 2022 son 51. 

“De esas 64 yo lo que diría es ¿qué monitoreo hay? En la ley hubo un fallo, se dice tienen que entregar el plan de manejo pero no se dice si hay aprobación o no. Se entrega para decir: “yo hice, tengo el plan”, pero nadie lo ejecuta. Quizá lo que falta en esa ley es el castigo. La multa. Eso también cambia el proceder institucional. Si a mí me dicen usted dejó por alto controlar o monitorear entonces usted tiene un castigo”, aseguró Olman Mora, jefe de la Dirección de Gestión de Calidad Ambiental del Minae.

Disposición final.

Parte de toda esta problemática es el agotamiento de espacios para la disposición final de los residuos. En el país existen siete rellenos: uno en Santa Cruz en Guanacaste; dos en San José: en Aserrí y la Uruca, uno en Montes de Oro de Puntarenas, uno en Paraíso de Cartago y dos más en la provincia de Limón: en el distrito de Limón y Pococí. Además de otros 16 vertederos o basureros a cielo abierto.

Pese a esta realidad el Ministerio de Salud espera que antes de abrir un nuevo relleno, los habitantes aprendan a reciclar, reutilizar y rechazar. De esta forma se disminuiría en al menos en un 80% la basura que se desecha. 

Pero, ¿Vamos a estar listos en 5 años cuando se cierre el relleno de la Uruca, por ejemplo?

No. El tema de reciclar y reutilizar no es la solución 100% fiable para atacar este tema. Los plásticos y ese tipo de envolturas viene cada vez más en aumento, somos una sociedad sumamente consumista. El tema no es solo reciclar. Es realmente reducir nuestra huella de carbono, nuestro impacto en detener acciones en las que podamos contribuir localmente en emprendimientos verdes. Ha faltado una cultura ambiental y eso se forma a través de la educación. Costa Rica no lo va a lograr sin la educación ambiental”, advierte Carlos Chaves, promotor ambiental de la Universidad Estatal a Distancia

Salud maneja la estrategia de las 3R como la principal solución al problema del manejo de residuos. Sin embargo, expertos coinciden en que no estaremos listos en cinco años cuando se agote el relleno de La Uruca, por ejemplo.

El Ministerio de Ambiente y Energía también sostiene a las “3 R” como el camino correcto a seguir y afirma que la aparición de nuevos rellenos únicamente incrementa el impacto ambiental; sin embargo, es más realista al afirmar que a Costa Rica le falta educación en el tema y sinergia entre los involucrados para poder concretar acciones, más allá del papel y dejar de depender de los rellenos o vertederos.

Paseando la basura

Mientras el plan del reciclaje llega a generar un impacto, las municipalidades siguen moviendo la basura kilómetros hasta su destino final. 

El ayuntamiento de Coto Brus en Puntarenas, por ejemplo, pasea la basura de su cantón unos 366 kilómetros antes de que sea depositada en el relleno de Miramar; en tanto el cantón de Golfito mueve sus camiones cargados con desechos por al menos 307 kilómetros hasta llegar al mismo relleno de Miramar.

La disposición final de los residuos a futuro no se ve muy clara, los siete rellenos y 10 vertederos, ya se encuentran en cierre técnico; es decir, que han alcanzado su capacidad máxima para recibir basura, lo que podría incrementar los traslados de los desechos hacia los espacios que sí se mantengan habilitados. 

“Desde la aprobación de la ley (8839) insistimos mucho en que había que caminar en otro sentido y no incentivar lo que nadie quiere los rellenos y no se caminó. Hay municipalidades que están invirtiendo dinero que quizá no tiene para ir a disponerlos. Golfito lleva los residuos a Miramar de Puntarenas, y el camión le cuesta 350 mil colones cada viaje”.

Olman Mora, jefe de la Dirección de Gestión de Calidad Ambiental del Minae.

“Uno pregunta ¿por qué no hacen separación y le asegura que llevará 1 camión por semana al relleno? La respuesta es que hay presupuesto, entonces es gastar por gastar. Cuando se gasta ese presupuesto entonces sí nos inundamos en residuos, en vez de ir creando una capacidad educativa de trabajos comunitarios de todos los actores, porque todos generamos”, añadió.

El investigador de la Uned por su parte subrayó el impacto ambiental adicional que está generando ese traslado de los residuos. Afirma que el manejo a grandes distancias aumenta la hulla de carbono por el uso de combustibles de los camiones.

“Estamos hablando de un impacto doble, no solo de traer residuos de zonas tan lejanas, sino utilizar los vehículos para hacer ese gran viaje que aumenta muchos más la huella de carbono”, explica.

Los residuos son la tercera fuente de generación de Gases de Efecto Invernadero en el país. Al año se producen 2 millones 138 mil toneladas de dióxido de carbono equivalente, según el Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero recién desarrollado por el Instituto Meteorológico Nacional (IMN) perteneciente al Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE), con apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Es la misma contaminación que generaría un solo vehículo al darle 106 mil 253 vueltas a la tierra. 

Recordemos que estos gases al mantenerse en la atmósfera absorben radiación infrarroja y contribuyen en el aumento de la temperatura de la tierra. 

Un reciente informe sobre el clima entregado por Costa Rica a la ONU afirma que nuestro país enfrentará un aumento de entre 1°C y 2°C para el fin de siglo, y en un escenario en el que no se realicen acciones para reducir esa altas emisiones el país podría enfrentar un peligroso aumento de entre 3.8°C y 4.8°C para fin de siglo. 

Se estima que más de un 90% de los gases de efecto invernadero generado en los basureros y vertederos responde al nulo manejo de los residuos orgánicos. Su compactación y apilación anaeróbica produce cantidades importantes de metano, un gas de efecto invernadero 21 veces más potente que el dióxido de carbono. Además, son los responsables mayoritariamente de la aparición de los lixiviados, el líquido tóxico y maloliente que incluso vierten los camiones en su recorrido. 

Compostar estos residuos disminuiría en casi 7 veces las emisiones de dióxido de carbono equivalente, según expertos de la empresa 360 emisiones verdes. 

Se estima que cada persona puede generar cerca de 1 kilogramo de basura por día. Se podría recuperar por lo menos el 80%. Diseño: Sinart.

En Costa Rica el 53% de los residuos son orgánicos, el 33% son valorizables, mientras que sólo un 14% son no valorizables, según el Estado de la Nación 2019. Esto implica que de las 4.000 toneladas que producimos todos los días, solo 560 se deben gestionar mediante rellenos sanitarios, las restantes 3.440 toneladas de residuos podrían ser valorizables. Sin embargo, son mínimas las industrias que se han logrado desarrollar para aprovechar estos recursos. 

La Estrategia Nacional de Separación, Recuperación y Valorización de Residuos esperaba alcanzar el 15% para el año 2021; no obstante, para el 2020 Salud reportó únicamente el rescate del 6.2%, es decir que estamos muy por debajo de la meta. 

“Aunque es un problema de los residuos y hay que buscarle solución rápida. Ese millón de toneladas anuales se va a reproducir o triplicar. Y alguien puede decir que la industria necesita cinco toneladas anuales, no, pero tampoco vamos a querer una industria de una ciudad. Vamos a empezar poco a poco, transformando. Solo el sector público podría comprar obligatoriamente mesas, sillas y todo reciclado Aquí hay como un miedo que la única solución es enterrar la basura, mal llamada basura, siendo los residuos materia prima secundarias que podemos aprovechar”, comentó Mora.

Mañana en la tercera entrega hablaremos de los eslabones al final de la cadena: municipalidades, recuperadores y usuarios finales. 

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