U. Privadas: ¿A qué precio? Cuarta entrega

Por Andrea González Mesén.

De las 63 universidades que hay en el país solo cinco son públicas, cuyos costos de formación para el estudiante son mínimos y su calidad es valorada sobre muchas otras. El problema es que no hay suficientes campos para todos y el que esté mejor preparado es el que gana esos valiosos espacios.

De esta forma si su educación primaria y secundaria fue de calidad, tendrá mayores oportunidades de acceder a una educación pública. De lo contrario, sus posibilidades se reducirán y como plan b aparece acudir a la educación universitaria privada. 

Ante esta realidad, en muchos casos trabajar y estudiar o solicitar un préstamo de estudio se convierten en la única vía para lograr un título universitario. 

El Estado de la Educación publicado en el 2021 reveló que Costa Rica tiene una de las matrículas más altas de estudiantes en universidades privadas de América Latina; cerca 104 mil personas.

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Sin embargo, esta participación del sector privado ha ido disminuyendo. Alcanzó un pico de 55% en el 2015, y bajó a 45% en el 2020. Esa disminución de estudiantes continuó en el 2021, afirman las universidades, consecuencia de la pandemia y las problemáticas económicas propias de los estudiantes. 

“El factor económico ha sido la principal barrera que han tenido los estudiantes y quizás por eso se ha visto un poco impactada la emisión de títulos a la graduación de estudiantes ¿Por qué? Bueno, porque el estudiante en vez de llevar bloques completos decide llevar dos materias. Acuerdese que los estudiantes que no tienen acceso a la Educación Pública no logran ganar los exámenes de admisión, porque no son los estudiantes que vienen de colegios privados con una mejor formación y con un nivel socioeconómico más alto. Esos son los que van a las universidades públicas, los otros son los que van a la universidades privadas. Son los estudiantes que tienen que trabajar para poder pagarse sus estudios”, Sonia Monge, presidenta del Unire.

El Estado de la Educación califica como estudiantes maduros a aquellas personas que inician su proceso de formación después de los 25 años de edad. Se estima para el 2021 cerca del 75% de esta población estaba estudiando y trabajando al mismo tiempo. Foto: Sergio Quesada.

“La matrícula en la universidad privada tiende a ser residual. Son esas personas que tienen la intención de ir a la universidad pública y no logran ingresar. Esa demanda insatisfecha es absorbida por las universidades privadas. Cuando las personas no pueden hacer la inversión tienden a postergar hasta que trabajan y puedan pagarse los estudios y termina estudiando en edades maduras”, explicó Valeria Lentini, investigadora del Estado de la Educación.

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El estado de la Educación alertó sobre la tendencia a la baja en la emisión de títulos en el sétimo informe publicado en el 2019 y manejan la hipótesis de que se debe al endurecimiento de las condiciones del mercado laboral y, en general, de la economía del país, lo que impulsa a los estudiantes a buscar empleo más temprano. Situación que se podría haber acentuado con la pandemia al llevar a las personas a iniciar sus estudios a edades más tardías o matricular bloques incompletos.  

“Vemos que hay un perfil de estudiante con una edad un poquito más alta en promedio en la universidad pública. Esto puede tener que ver con el tipo de oferta de las carreras o los horarios. Las personas que trabajan y estudian difícilmente pueden llevar una carrera en las universidades públicas”, explicó Lentini.

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En los últimos 10 años seis de cada 10 estudiantes mayores de 25 años optó por ingresar a una universidad privada por la flexibilidad de horarios, condición que les permite estudiar y trabajar, según un análisis realizado en la Encuesta Nacional de Hogares. Para el 2020 el 72% de los estudiantes mayores de 25 años debía trabajar para pagar sus estudios.

Endeudarse para estudiar

La otra parte del plan B es endeudarse con un préstamo de estudio. La Comisión Nacional de Préstamos para Educación (Conape) es la entidad gubernamental creada para ello. Si bien su objetivo es apoyar la educación de la población en los quintiles más bajos, la realidad es que se ha convertido en una herramienta para muchos jóvenes de clase media que no logran ingresar a la universidad pública. 

Sólo un 22% de quienes solicitan créditos en Conape pertenecen a la zonas de desarrollo muy bajo y bajo; un 46% a zonas de desarrollo medio y un 32% a zonas de mayor desarrollo. 

Cuarta entrega: U. Privada ¿A qué precio?

“Un estudio de imagen realizado a todos los prestatarios consultó cuál fue su primera opción al salir del colegio. La gran mayoría de las personas afirmó que la primera opción fue la universidad pública. Por lo general, por limitaciones de infraestructura, no todas las personas pueden entrar a la universidad pública, entonces, la gran mayoría, un 92% de los créditos son para estudiantes de universidades privadas.  Esas personas que no pudieron ingresar a la universidad pública son las que se acercan a Conape, una vez que se descarta el ingreso a ellas”, comentó Efraín Miranda, secretario ejecutivo de Conape.

Durante la pandemia las solicitudes de crédito continuaron en constante crecimiento. 

En el 2019, previo a la emergencia por la covid-19 Conape aprobó 3.072 créditos, en el 2020 incrementó a 3.396 y en el 2021 colocó 3.800 préstamos. 

Las carreras de medicina, administración y enfermería son las que tienen mayores solicitudes de crédito ante Conape. Foto: Marco Millape.

Durante el último año esa entidad logró colocar más de 24.500 millones de colones, que en su mayoría correspondió a áreas de ciencia y tecnología. 

Al igual que las universidades registraron una baja la matrícula durante la pandemia, Conape lo vio en los desembolsos de quienes ya tenían préstamos aprobados para estudiar.

Un 20% de los estudiantes solicitaron congelar el retiro de sus financiamiento justificando dificultades o inconformidades para seguir la educación a distancia. 

Pese a los ajustes en los plazos de pago y en la tasa de interés al bajar del 5.5% al 4%, incluso beneficiando a quienes ya están en proceso de pago; sí se registró un aumento en la cantidad de prestatarios en condición de mora. Para el 2019  se registraban unos 5.600 créditos en esa condición y en el 2021 aumentó a 7.700.

La brecha educativa sigue ampliándose en Costa Rica. Como ya dijimos la calidad de la educación privada universitaria es difícil de medir por la  ausencia de parámetros y datos, mientras su costo termina siendo el  filtro final para algunos estudiantes quienes no pueden pagar una carrera. 

Créditos: Edición de video: Ángelo Gutiérrez, cámaras: Sergio Quesada, Marco Millape.

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