Ana Bonilla vende papas tostadas en una parada de buses ubicada en las cercanías del edificio de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), en San José. Las calles han sido su lugar de trabajo desde hace muchos años y en ellas ha vendido ropa, tiliches, comida y hasta confites. 

Pese a los años que acumula en ventas callejeras, para Bonilla la pandemia fue un reto en todo sentido. Su propio trabajo la llevó a exponerse al virus pues se vio obligada a salir de su casa para ganar el dinero de la semana. 

Hoy las ventas callejeras se mantienen bajas por el temor de la gente a contagiarse, dice la comerciante informal.

“Las ventas han cambiado mucho. Jamás como otros años. Esto parece un día común y corriente, cualquier día. No se ve nada, la gente anda con mucho miedo, la gente no quiere gastar, no sé, hay un gran temor”, expresó Bonilla.

La vendedora contó que no solo para ella ha sido duro, sino para muchos de sus compañeros vendedores,  quienes a pesar de que exponen su salud en el contacto cotidiano de la calle, venden poco. 

Este también es el caso de Manuel Quintana, vendedor de dulces, quien durante toda la pandemia se ha mantenido vendiendo en las calles y, por suerte, no se ha contagiado. 

Manuel concuerda en que uno de los retos ha sido lidiar con el temor que le expresa la gente cuando le ofrece dulces. 

“Muchas personas le tiran el dinero a uno de forma despectiva. Para mí es incorrecto porque a mí no me ha sucedido nada. Yo fui y me vacuné”, detalló.

Además, insiste en que las ventas no se mueven como antes.

“Se vende menos. Hace 2 ó 3 años había buena venta, había mucho turista, pero ahora sí han bajado las ventas por el miedo que tienen las personas”, añadió´ Quintana.

El empleo informal ha tenido una recuperación muy dispareja en comparación con el empleo formal. Foto: Marco Millape.

A pesar de casos como los de Ana Bonilla y Manuel Quintana, no todos los trabajadores informales pudieron sortear las consecuencias del virus y seguir en las calles. 

La crisis producto de la pandemia de la covid-19 puso en evidencia la alta incidencia del empleo informal en las economías latinoamericanas, según el informe  “Coyuntura Laboral en América Latina y el Caribe”, publicado por la la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en noviembre del 2021. 

De acuerdo con el estudio, un 57% de las mujeres y 55% de los hombres en la región trabajan en condiciones de informalidad, sin tener ahorros para su jubilación, ni aportes de salud, sin protección, vacaciones, ni licencias. 

Por su parte, María Luz Sanarrusia, encargada de la Encuesta Continua de Empleo detalló que en el 2020 el empleo informal alcanzó la cifra más baja desde el 2012. 

“Antes de la pandemia el comportamiento de la informalidad venía estable. Por ejemplo, de cada 100 personas 46 estaban en la informalidad. En abril del 2020 inició un comportamiento diferente. Había que salvaguardar la salud de las personas, por eso se dieron las medidas, la población ocupada se vio afectada y disminuyó”, explicó Sanarrusia.

La encargada de la encuesta detalló que durante los meses más críticos de la pandemia del año 2020 la informalidad alcanzó un 39%. Es decir que los primeros que se vieron afectados por la pandemia fueron las personas que estaban en la informalidad”.

Los trabajadores en la informalidad que se vieron más perjudicados fueron, en su mayoría, personas entre los 35 y 55 años, que trabajaban para sectores económicos como transporte, comercio, construcción, actividades profesionales, actividades culturales y hoteles y restaurantes, precisó la coordinadora de la encuesta que realiza el INEC periódicamente. 

El informe de la OIT señala que las consecuencias fueron más severas para los trabajadores en la informalidad debido a que las políticas laborales para afrontar la crisis estuvieron más enfocadas en proteger la relación laboral de los trabajadores formales, por medio de la prohibición de los despidos y reducción de jornadas laborales. 

La gente de las calles y los trabajadores informales quedaron en el desamparo

En Costa Rica, el Gobierno otorgó el Bono Proteger a quienes habían sufrido daños en sus trabajos o habían quedado desempleados.

Para el economista y exviceministro de Hacienda, Fernando Rodríguez, este bono debió mantenerse durante más tiempo, especialmente, para las personas que quedaron fuera del mercado laboral.

“Eso nos hubiera dado una garantía de que esas personas iban a tener al menos un ingreso que les permitiera defenderse, tener alguna capacidad de subsistir de una manera digna”, señaló el economista.

El 65% de las solicitudes del Bono Proteger eran de personas que se dedicaban a servicios personales, turismo, ventas y ocupaciones no calificadas, según el informe Estado de la Nación. Foto: Marco Millape.

El 60% de las personas que solicitaron el Bono Proteger eran trabajadores independiente o informales; el 30% eran personas desempleadas o que enfrentaban la suspensión de contrato; mientras que el 10% tenían una reducción de jornadas, según datos del informe del Estado de la Nación 2021. 

Entre las solicitudes del bono predominaron los jóvenes, mujeres, personas de bajo nivel educativo y menores de 45 años, según el informe del Estado de la Nación. 

La mayor cantidad de solicitudes llegaron de distritos ubicados en la GAM,  especialmente, de los cantones de San José, Desamparados, Alajuelita, Goicoechea, Heredia y Alajuela, donde habían barrios marginales que presentaban problemas como pobreza, baja escolaridad, exclusión educativa, desempleo, informalidad, violencia o crimen organizado, antes de la pandemia.

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