GAM: Nuestra gran isla de calor urbano. Tercera entrega.

Por Andrea González Mesén.

Si retomamos el concepto, una isla de calor es un espacio donde el cemento, el concreto y los materiales impermeabilizantes le ganan la presencia a las áreas verdes y naturales. Por lo tanto, la solución para detener el aumento de la temperatura en la ciudad podría ser obvia: buscar más verde.

¿Qué se haciendo al respecto y qué podría hacer usted?

Uno de los proyectos con mayor impacto en la Gran Área Metropolitana (GAM) es el rescate del Corredor Biológico Interurbano María Aguilar (CBIMA), el cual comprende cinco municipios: La Unión, Curridabat, Montes de Oca, San José y Alajuelita. El corredor impacta una población estimada de 400.000 habitantes. 

El CBIMA, como se le llama a este proyecto,  tiene un trayecto de 39 kilómetros cuadrados (Km2) de hábitats modificados y naturales que interconectan la cuenca del río María Aguilar y contiene parte de la única zona clave de biodiversidad dentro de la zona urbana central. Sin embargo, el 71% de su territorio corresponde a un uso urbano masificado de densidad alta y baja, con pérdida casi total de los ecosistemas de bosque y una alta impermeabilización de los suelos. 

El trayecto del río María Aguilar recorre cinco cantones de la GAM. Se estima que un 70% de su trayecto ha sido intervenido por el humano. Ilustración: Jessenia Araya y Daniel Solano.

La reforestación es la clave que ha permitido revertir el daño del crecimiento urbano descontrolado. Entre el 2019 y el 2021 el proyecto de Paisajes Productivos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) logró reforestar 200 hectáreas tanto en el corredor como en la ciudad. 

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“Este es nuestro tercer año de reforestación y hemos alcanzado 200 hectáreas en un espacio que es densamente poblado y densamente urbano. Muchos lugares ya están cementados, pero hemos podido encontrar esos espacios verdes de oportunidad, reverdeciendo la ciudad para que sea más fresca, que con los árboles nos ayude a tener mejor confort térmico y que, justamente, las islas de calor se sientan un poco menos y poder reducirlas”, comentó Carla Padilla, ingeniera forestal de Paisajes Productivos.

Ese consumo masivo de las áreas verdes afecta incluso a otros seres vivos, desde insectos hasta aves. 

Se estima, por ejemplo, que una abeja o un escarabajo pueden desplazarse hasta 500 metros, y para hacerlo requerirá de conectores dentro de las zonas urbanizadas como jardines, aceras verdes y patios. Por lo tanto, sembrar en macetas y tarros aporta a generar nuevos ecosistemas.   

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“Acordémonos que en esas áreas urbanas nosotros hemos, prácticamente, editado el territorio en beneficio nuestro y se nos ha olvidado que hay un montón de integrantes que no son humanos que necesitan también desplazamiento y hacer todo su nicho ecológico. Aquí es importante saber que cada uno de esos espacios, aunque sea el jardín de su casa, va a ser generador de esa biodiversidad”, explicó José Manuel Retana, jefe de la unidad Ambiental de la Municipalidad de Curridabat. 

Otra de las apuestas del país para conservar ecosistemas y bosques en riesgo en la ciudad es la creación de Parques Naturales Urbanos (PANU) que se diferencia de las reservas por estar estrechamente vinculados a mejorar la salud física y mental de las personas.

La Colina es el espacio verde inmediato a Tirrases unas de las comunidades con menos acceso a espacios verdes del cantón de Curridabat. Foto: Archivo.

El Parque Ecológico La Colina de Curridabat es un candidato a ocupar el primer lugar en esa categoría y se vuelve más relevante si recordarmos que a sus pies está ubicado Tirrases. En esa comunidad sus habitantes tienen acceso apenas a 3 metros de áreas verdes por persona, cuando la Organización Mundial de la Salud recomienda un mínimo 10 metros cuadrados por habitante.

“Tirases tuvo un origen de asentamiento, entonces las edificaciones y las viviendas de ahí empezaron a hacerse sin una planificación adecuada y ahora nos enfrentamos a un área urbanística que no es la más adecuada. Con este reto nosotros vemos que los espacios verdes en Tirrases son reducidos”, comentó Retana.

Las Rutas Naturbanas es otro proyecto que busca conectar la ciudad con la naturaleza. Se trata de rutas de uso compartido y de desplazamiento no motorizado como caminar, trotar, correr, patinar o pedalear.

Este proyecto pretende conectar más de 25 kilómetros al norte y sur de la ciudad de San José, enlazando a cinco cantones a través de los segmentos centrales de los ríos Torres y María Aguilar. Propone la regeneración y fortalecimiento del entorno natural y ambiental de los ríos urbanos. 

Pintar su casa con tonos claros, sembrar un árbol o arbusto en su acera en lugar de cementarlo, crear paredes verdes con lo que tenga a mano, e incluso, motivar a su comunidad a recuperar espacios públicos son solo algunos de los aportes para lograr reducir las islas de calor y las altísimas temperaturas que nos podrían llevar a la muerte en pocos años. 

Reducir los efectos del cambio climático es responsabilidad de todos.

Créditos: Este trabajo fue realizado en colaboración con Punto y Aparte. Edición de video: Ronald Gutiérrez, animación e ilustraciones: Jessenia Araya y Daniel Solano, apoyo editorial: Alejandra Vargas (Punto y Aparte).

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1 Comentario

  1. Se puede educar a la gente con respecto a la naturaleza si (tal vez) en décimo y undécimo año del colegio, se estudian temas al respecto en la materia de Biología. Además, para inculcar el hábito de la lectura, con el fin de que la gente se eduque más, se le podría asignar a los estudiantes de sétimo, octavo y noveno, lecturas de libros de cabecera de estudio en materias como Español, Estudios Sociales y Ciencias. En este caso, se le podría pedir a los estudiantes, que presenten como tarea, el resumen de un capítulo seleccionado por el profesor.

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