GAM: Nuestra gran isla de calor urbano. Primera entrega.

Por Andrea González Mesén.

“Yo tengo 46 años de estar acá en Tirrases y aquí antes no había verano, era solo invierno. Ahora esto es súper caliente. Es como estar en Nicaragua. Nos estamos cocinando”, relata Juana María Juetes, vecina de este centro de población del cantón de Curridabat, en el este capitalino.

“Ha aumentado mucho (el calor). Ha sido un cambio muy brusco, sí. Conforme va pasando el tiempo se va sintiendo mucho más el calor”, coincide Carolina Ramírez, quien vive en La Carpio, en el extremo oeste de la ciudad de San José.

La idea de calor no son solo percepciones de Juana María Juetes y Carolina Ramírez. El aumento acelerado en las construcciones, las calles asfaltadas, edificios de cemento y el poco espacio verde ha generado aumentos de temperatura del suelo acentuándose en los corazones de las ciudades y, de manera especial, en espacios densamente poblados como es el caso de Tirrases y La Carpio. 

Permanecer en un automóvil a medio día sin aire acondicionado ya no es una alternativa; lo pensamos dos veces antes de ir caminando al supermercado, y preferimos las oficinas y gimnasios con ventilación artificial.

Esta inconformidad que nos genera el aumento de la temperatura en las ciudades es consecuencia de las llamadas “islas de calor urbano”. Este es un fenómeno térmico que se evidencia en zonas altamente pobladas y construidas, donde se origina una especie de burbuja de calor debido a que durante el día el cemento, el asfalto, el zinc y otros materiales constructivos absorben las altas temperaturas y las liberan durante la noche. De este modo, la ciudad siempre se mantiene caliente, e incluso, a temperaturas mayores que en la zonas rurales anexas. 

Los materiales de construcción han impermeabilizado los suelos de las ciudades aumentando sus temperaturas. El calor se absorbe durante el día y se libera durante la noche. Ilustración: Jessenia Araya y Daniel Solano.

En Costa Rica, la principal isla de calor urbano es la Gran Área Metropolitana (GAM), esa gran mancha de concreto que ha crecido descontroladamente. 

“La mancha urbana en Costa Rica ha tendido a crecer muy rápidamente a partir de los años 90. Es decir, tenemos 30 años de crecimiento sostenido y ha sido, hasta 10 años atrás, principalmente horizontal, expandiendo la mancha urbana”, explicó Pascal Girot, director Escuela de Geología Universidad de Costa Rica (UCR).

Para José Manuel Retana, de la Unidad Ambiental de la Municipalidad de Curridabat, el problema que se empieza a ver ahora es el resultado de una planificación que no estuvo basada en el confort y la calidad de vida.

“Por mucho tiempo la construcción fue un sinónimo de desarrollo, hoy nos hemos dado cuenta que el desarrollo no puede estar desligado de los recursos naturales”, añadió el funcionario municipal.

La Gran Área Metropolitana (GAM) es la gran isla de calor en Costa Rica. Ilustración: Jessenia Araya y Daniel Solano.

En la ciudad de San José, por ejemplo, se estima que el calentamiento se ha incrementado en 0,9° Celsius por década desde los años 60. De seguir en la misma línea de desarrollo constructivo y estilo de vida para el 2050 cantones como  San José y Curridabat incrementarán la temperatura del suelo hasta en 4,3° centígrados; lo que generaría para ese año 208 días de calor mortal, según el Estudio de Islas de Calor de Curridabat, realizado por ese ayuntamiento en conjunto con el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (Catie).

Trabajar en la reducción de las islas de calor urbano ayuda a mitigar el aumento de las temperaturas y a la vez a reducir las emisiones de efecto invernadero.

¿Por qué las islas de calor nos deben importar? 

Porque el calor que se acumula en la superficie eleva los niveles de temperatura de los sitios donde vivimos convirtiéndolos en espacios incómodos que demandan mayor gasto energético, aumentan la contaminación ambiental y afecta la salud generando estrés, inconformidad, choques de calor y fatiga crónica, entre otros. Además, esa gran masa gris es propicia para olas de calor extremas que podrían provocar incluso la muerte.

Ante estos problemas, los menores de edad y los adultos mayores suelen ser los más afectados. 

La situación se pone cuesta arriba si se trata de poblaciones de los estratos sociales bajos quienes viven en precarias condiciones, no tienen espacios verdes y tampoco pueden tomar medidas extremas como mudarse de ciudad o incluso comprar un ventilador.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Inec), al 2011 cerca de 300 mil personas vivían en condiciones precarias en 395 asentamientos distribuidos en varios puntos del territorio nacional.

Lo que dicen los datos

El Atlas de Servicios Ecosistémicos de la GAM, recientemente desarrollado por el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (Catie), evidenció como las zonas altamente pobladas son las más calientes y las que tienen menos metros cuadrados de áreas verdes por habitante. 

El estudio de las imágenes satelitales mostró que en la GAM la lista la encabeza el cantón central de San José con un promedio de 44,9° centígrados en la superficie entre el 2013 y el 2019, mientras la temperatura de confort para el ser humano es de apenas 25° centígrados.

Temperaturas superficiales de la tierra según el Atlas de Servicios Ecosistémicos de la GAM.

Para que esto sucediera se confabularon: la falta de ordenamiento territorial, el uso masivo de vehículos, el nacimiento de asentamientos urbanos, los pocos espacios verdes y condiciones geográficas propias del lugar.  

Sin estudios detallados

Curridabat es de los pocos cantones que cuentan con una investigación detallada sobre el asunto. Ahí las temperaturas más extremas se registran en Tirrases: cuyo origen fue un asentamiento urbano y donde habita gran cantidad de personas (16.200 según el último Censo) de estratos económicos bajos, adultos y niños. Como si fuera poco, la población de Tirrases cuenta con el mínimo acceso a zonas verdes del cantón, pese a que el 42% de Curridabat es área verde. 

“Este verde no es homogéneo en todo el cantón. Tenemos, por ejemplo, lugares como Sánchez donde la cobertura vegetal alcanza 30 metros cuadrados por habitante. En cambio, en Tirrases, la cobertura anda en 4 metros cuadrados por habitante. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda una correlación de entre los 9 y 10 metros cuadrados de cobertura vegetal por habitante”, explicó José Manuel Retana.

El acceso a espacios verdes y más frescos se relaciona estrechamente con el estrato económico. El Ranking Nacional de Desarrollo Distrital del 2018 ubica a Tirrases en el puesto 206 a nivel nacional; mientras que a pocos kilómetros de distancia el distrito de Sánchez ocupa el segundo puesto del mismo listado. 

Además de la distribución de los espacios verdes, Curridabat también se enfrenta a otra  realidad y es que en su mayoría su territorio lo ocupan propiedades privadas. 

“También hay terrenos privados donde el estudio nos dice que tenemos parches boscosos interesantes, algunos cafetales, que nos están contribuyendo a control de la temperatura. Pero al ser propiedades privadas entonces debemos de tener una adecuada planificación para no perderlos del todo. Este es un tema que tiene sus retos porque como propietario usted tiene una seguridad jurídica que le da a su propiedad privada”, lamentó Retana.

Es claro es que a más construcción y menos espacios verdes a mayores temperaturas nos exponemos. Es por eso, que la percepción de más calor sobre la superficie se da con más fuerza en el centro de las ciudades y disminuye cuando nos alejamos a las zonas más verdes y rurales.

 Esto se demostró en un estudio que desarrolla actualmente el Catie para la Municipalidad de La Unión.

Valor promedio de la temperatura superficial de la tierra (°C) en función de la distancia a la infraestructura gris en el cantón de La Unión. 2013-2019 Elaboración: Catie.

Cristhian Brenes, investigador del Laboratorio de Modelado del Catie, explicó que si se analiza la isla de calor como la infraestructura gris, sí se logra identificar un patrón muy establecido de cómo va disminuyendo la temperatura conforme nos alejamos de la ciudad y vamos entrando a zonas más abiertas.

“Encontramos que prácticamente a una distancia de 200 metros de la periferia de cualquier zona poblada, en el cantón de La Unión, la temperatura pasa de los 38° centígrados a 28° en una distancia horizontal de 200 metros. Esto es básicamente cuando nos desplazamos a zonas con mayor cantidad de árboles, con potreros, con franjas ribereñas o bosques; el cambio de la temperatura es notoria conforme nos vamos alejando del centro de las ciudades”, afirma el investigador.

Hasta la fecha Costa Rica no cuenta con análisis detallado de las islas de calor en cada cantón de la GAM, excepto los de Curridabat y La Unión; pese a ello los expertos coinciden en que la evidencia es una alerta de lo que puede estarse replicando en el resto de la gran isla de calor. 

Segunda entrega: ¿Qué está sucediendo en Heredia y por qué zonas como Liberia se podrían volver inhabitables?

Créditos: Este trabajo fue realizado en colaboración con Punto y Aparte. Edición de video: Ronald Gutiérrez, animación e ilustraciones: Jessenia Araya y Daniel Solano, apoyo editorial: Alejandra Vargas (Punto y Aparte).

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