La ilusión rojinegra en Liga de Campeones de Concacaf se esfumó en apenas una semana. A pesar de una buena presentación en Atlanta y de gozar de varias ocasiones de peligro en el área rival, la Liga pagó caro los errores en definición y, sobre todo, los yerros administrativos que dejaron al equipo diezmado para el juego de este martes.

Nadie sabrá que hubiera pasado si Leonel Moreira, Alex López, Bryan Ruiz y Johan Venegas hubieran viajado a Estados Unidos, pero no es un secreto que Alajuelense perdió mucho peso, especialmente en medio campo y ataque, donde tuvo que recurrir a su futbolistas menos curtidos.

Moreira no hizo falta, porque el Atlanta remató poco y cuando lo hizo Mauricio Vargas respondió bien. Pero en medio campo el campeón nacional extrañó ese último pase que usualmente hacen López y Ruiz, una responsabilidad que recayó en un jugador de 17 años que aún no se consolida, como Brandon Aguilera.

Aun así, Alajuelense gozó de opciones gracias a la velocidad y desequilibro de Alonso Martínez, quien fue un dolor de cabeza para George Bello. La presentación del 16 manudo fue sobresaliente y se consolidó como el hombre más peligroso del conjunto erizo.

Pero faltó ese hombre que en la primera opción de peligro enviara el balón al fondo. Hubo pocas opciones y poca contundencia, tal vez con Venegas hubiera sido diferente. No lo sabemos.

En esta ocasión la responsabilidad no es solo del cuerpo técnico liderado por Andrés Carevic y de los jugadores, es tan bien culpa del equipo administrativo manudo, que no realizó gestiones a tiempo para posponer el partido y poder contar con todas sus figuras.

La Liga esperó seis años para volver a competir en Concacaf, y le dice adiós al torneo en la primera de tanteo, lo hace cuando está en su mejor momento, con un invicto de 22 fechas en el campeonato nacional. Pero un error extra cancha le suma un fracaso.

Aunque no es alivio suficiente, en Alajuelense queda un buen sabor de boca al ver la actuación de algunos de sus jugadores con menos nombre, como Alonso Martínez, Bernald Alfaro y Aarón Suárez. Este último ingresó de cambio y no se notó que es un novato de apenas 18 años, tomó el balón con confianza y desequilibró, incluso generó la opción más clara de su equipo.

Ahora la Liga deberá concentrarse en el campeonato nacional para olvidar este trago amargo, mientras en sus oficinas deberán aprender de los errores para no volver a debilitar al equipo en el momento más importante.

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