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Michelle Castellón tiene 14 años y cursa octavo año de colegio, vive con su familia en Hatillo 2 y además de tener que resolver sus propias guías de trabajo autónomas, desde el año pasado es quien apoya a sus otros tres hermanos para que ellos terminaran a tiempo las de ellos.

Su casa es un poco estrecha, en un pequeño pasillo está la mesa del comedor que durante gran parte del tiempo debe ser el aula de cuatro niveles diferentes. Y aunque las clases presenciales ya dieron inicio, la realidad es que asisten si acaso una vez a la semana a la escuela y al colegio.

En su familia los paquetes de alimentos se han convertido en una gran ayuda, al igual que los paquetes de útiles que recibieron el año pasado, sin embargo, continúan sin poder adquirir una computadora y mucho menos un plan de internet, lo que los vuelve a aislarse de nuevo.

“Es muy difícil porque no tenemos acceso a Internet y cuando tenía que hacer tareas me ayudaban mis compañeros porque no tenía dónde buscarlo y lo que nos daban era una guía y nosotros teníamos que ver dónde conseguimos las respuestas, entonces era muy difícil”, comentó Michelle Castellón.

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Ninguno de los cuatro hermanos ha logrado conectarse a Internet para recibir una clase virtual desde que llegó la pandemia. Contrario a César Correa y Elisa Ulloa, estudiantes de sexto grado de la escuela privada International Royal School en Escazú, quienes no han perdido ni un solo día de clases.

Mirta Brito, experta en educación con recursos digitales de ese centro educativo, mencionó que digitalizar toda su biblioteca de contenidos ha permitido que todos sus estudiantes tengan acceso al material, interaccionen y se motiven a aprender.

“Tratamos de que todo sea mucho más dinámico. Trabajamos plataformas que estén completamente interactivas. Tratamos de poner videos, que puedan interactuar con otros estudiantes. Todo el material interactivo que puedan tener a mano”, mencionó Luis Álvarez Araya, profesor de primaria en ese centro.

El piso no está parejo

A pesar de los esfuerzos de los gobiernos de América Latina y el Caribe desde que comenzó la pandemia, nuevos datos de Unicef revelan que un tercio de todos los niños, niñas y adolescentes de la región aún no recibe educación de calidad a distancia.

Para los más pobres y vulnerables aprender desde casa puede ser un desafío insuperable, ya sea por la ausencia de una computadora, por la falta de acceso a Internet, o incluso por carecer de un lugar donde sentarse a estudiar.

“Teníamos una brecha muy importante en términos digitales, del estudio que hicimos en el 2019 sobre el análisis del acceso a una buena conectividad encontramos que mientras los jóvenes y niños de quintiles más altos tenían un 80% de acceso a una buena conectividad”, afirmó Isabel Román, Investigadora Estado de la Educación.

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“En el caso de los niños más pobres eso se reducía a menos del 40%. Además, a una cantidad importante de jóvenes que accede a internet solo por celular, y otra cantidad que no lo hace de ninguna manera”, añadió.

¿Eso qué significa?

Que la posibilidad de la relación docente alumno ocurra está negada para una población importante de estudiantes, de ahí la urgencia de acceso tanto a dispositivos como a la conectividad.

La deuda con la educación viene de más atrás de la pandemia. Los rezagos se vienen acumulando desde el 2018 con la huelga de cuatros meses de profesores; en el 2019 se estima se perdieron al menos un mes de lecciones efectivas mientras que en el 2020 la pandemia hizo estragos en el curso académico generando rezagos en quienes no contaban con los recursos.

“Las brechas se han ampliado entre los estudiantes que han tenido acceso a una buena conectividad y quiénes no. Y efectivamente el piso no está parejo para todos y la pandemia a exacerbado, y que tenemos que trabajar como país para que no sigan ampliándose”, dijo Román.

Desde esta urgencia por mejorar, la experta del Estado de la Educación sugiere un cambio en la comunicación de los docentes con los alumnos, incluido el rediseño de estrategias pedagógicas que permitan ir más allá de solo compartir información y profundicen en la personalización de la educación, ya que no es lo mismo el que tiene la clase por computadora al que la está escuchando por celular.

También afirma que si bien las familias son un apoyo estas no sustituyen a los docentes. La mayoría de los hogares viene de padres con pocas o mínimas condiciones para apoyarlos. Como sí ocurre en el coso de Pamela Artavia con su hija de kínder.

Ella tiene excelente conexión a internet, computadora y su mamá tiene un teléfono inteligente desde el cual puede monitorear en caso de que la pequeña requiera ayuda en clase.

“El apoyo de los padres es bastante reducido, porque como lo ha señalado el estado de la nación la mayoría de los menores que asisten a sistema público viene de hogares de climas educativos bajos y fueron los más golpeados por la pandemia, que están ocupados en resolver el día a día, en operación frijoles”, afirma Román.

Las formas de gestión, la toma de decisiones en los centros educativos, y el sentido de urgencia es otro de los aspectos afirma la experta es necesario modificar cuanto antes.

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