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Para Cesar Correa y Elisa Ulloa, estudiantes de sexto grado de la escuela privada International Royal School en Escazú, lo mejor que pudo pasar fue tener que estudiar desde casa. Para ellos, la interacción es la misma y las clases son mucho más divertidas.

El acceso a Internet, dispositivos tecnológicos y saber utilizarlos adecuadamente han marcado una brecha profunda en el proceso educativo durante este primer año de pandemia.

El cierre de aulas y el hecho de que durante meses no se tuviera acceso a las clases presenciales puso a los centros educativos privados y al Ministerio de Educación Pública a buscar nuevas estrategias para la formación, unos con mayor éxito que otros.

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El interés en las clases virtuales se logra gracias a la implementación de la virtualidad interactiva a través de varias plataformas tecnológicas.

Mirtha Brito, directora del International Royal School explicó que la virtualidad y las clases virtuales interactivas difieren en la interacción que logran tener los menores.

Este acceso a video, audios, y plataformas de interacción ayudan a activar todos los sentidos en el proceso de aprendizaje acorde a las inteligencias múltiples.

De ahí la importancia, por ejemplo, de que un estudiante con afinidad visual pueda compartir su trabajo y ser corregido en el momento.

“Un chico que no tiene las herramientas interactivas tiene que trabajar solo con el audio, el profesor dando las instrucciones o grabando las clases e imprimiendo un pdf. Mientras que cuando se tienen estas plataformas interactivas se desarrollan habilidades mucho mayores que cuando se tiene solo la virtualidad”, explicó Brito.

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Datos de UNICEF muestran que la covid-19 exacerbó la desigualdad en la disponibilidad de la educación al generar diferencias como el no tener acceso a una computadora, a Internet o incluso a un escritorio.

El estudio “Educación en Pausa”, publicado en noviembre del 2020, afirma que mientras que las tres cuartas partes de los estudiantes de las escuelas privadas pueden acceder a la educación a distancia, solo la mitad de los que asisten a las escuelas públicas tiene la opción de acceder a esta misma educación.

“El covid-19 ha profundizado las brechas educativas, por ejemplo, el programa de educación a distancia alcanzaba un 91% de la población. Pero entiéndase los alcanzaban con brechas muy profundas en cuanto a la calidad de lo que recibían. La cobertura real es mucho menor, sólo el 51% de los hogares tenían acceso a internet y solo el 45% a una computadora. La interrupción de los servicios ha afectado a las poblaciones más marginadas”, afirmó Isidora Chacón, Investigadora de Unicef.

Otra realidad

Con la pandemia que arribó a Costa Rica ya hace un año, el MEP implementó las Guías de Trabajo Autónomo, que permitió a los estudiantes continuar con el proceso educativo desde casa al menos durante el segundo semestre del año.

Eso sí, a diferencia de los estudiantes del Royal School, el trabajo para los alumnos del MEP se vio acompañado de copias, hojas blancas, mensajes de Whatsapp y conexiones a reuniones en la plataforma Teams, para quienes tenían los recursos.

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Pamela Artavia, madre de una niña de 5 años y otro menor de 4 años, tuvo que crear una micro sede del kínder de sus hijos en su casa y sacar de la manga un título de maestra para lograr que las clases a distancia y las guías de trabajo fueran provechosas.

“Ha sido complicado, uno no estudió para ser profesora, entonces tal vez la forma en la que yo quería enseñar en ese momento a mi hija no era la adecuada, pero con esfuerzo y todo logramos sacar el año, se llenó un ampo y un folder de puras guías que manda el MEP”, comentó Artavia.

Una ventaja que afirma tener la madre, respecto a otros encargados es que al ser emprendedora puede disponer del tiempo y las condiciones para apoyar a sus hijos desde la casa.

Carencias evidentes

El poco acceso a dispositivos electrónicos y conexiones, y el riesgo de que muchos dejaran las aulas fueron algunas de las razones por las que el MEP impulsó este 2021 el ingreso a clases presenciales.

Este es el caso de la familia de Lucelia Castellón, la madre de cinco hijos y vecina de Hatillo 2, quien tiene inscritos en el sistema educativo público a cuatro de sus hijos.

Ellos viven en una casa de alquiler, dependen del salario de ebanista del padre de familia y solo cuentan con un teléfono celular para poder mantener la conexión con los grupos de la escuela y el colegio, eso sí, hasta que el saldo lo permita.

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“Es muy complicado por el asunto de que hay que utilizar el internet, más que todo este año el internet lo van a utilizar más, más que presencial va a ser más virtual. Y en ese caso a nosotros se nos dificulta mucho porque son cuatro chicos y no tenemos la capacidad para tantos dispositivos y para que ellos estén en línea. Porque de hecho ellos desde que entran en línea tienen que estar temprano de la mañana como todo horario normal de clases”, afirmó Castellón.

Aprender desde casa para ellos es complejo, al punto de querer renunciar al poco acceso a la educación. Seguir las guías de trabajo autónomo no es tarea fácil, cuando no se tiene los recursos.

“Es difícil porque por más de que intente no aprendo lo mismo, y recibir clases por team es una ayuda muy buena porque los profesores nos explican y todo, pero no he podido recibir clases en los que va del año”, dijo Michelle Castellón, estudiante del Liceo Edgar Cervantes.

Aunque sus profesores no quisieron salir en cámaras sí aseguraron estar preocupados ante la posible pérdida de los estudiantes que no tiene oportunidades de conectarse los días de clases a distancia.

Para Isabel Román, Investigadora Estado de la Educación, la pandemia dejó en evidencia graves problemas en el sistema educativo: desigualdad preocupante y lejanía del mundo digital. Siendo los más perjudicados son los menos favorecidos.

“Previo a la pandemia, según la Encuesta de Hogares del 2019, habían más de 400 mil estudiantes que no estaban en condiciones para recibir educación a distancia. Pasó el 2020 y tampoco fue que resolvimos el problema”, concluyó la experta.

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