Por Natasha Cambronero (*).

Viajar por Europa en medio de la pandemia de la covid-19 y después de tres meses de confinamiento, tiene sus pros y sus contras, y en ocasiones pareciera que se transita por dimensiones paralelas, o al menos, esa fue mi experiencia de las últimas semanas cuando visité algunas ciudades de España e Italia.

Por motivos de estudio, resido en Madrid desde hace diez meses y desde que entramos en la “nueva normalidad”, en mi tiempo libre, he procurado conocer la mayor cantidad de lugares posibles y recuperar los días que solo se nos permitía salir al supermercado o la farmacia.

Con esa consigna visité Segovia, Ávila y Aranda de Duero, cerca de Madrid, y recorrí en bus más de 400 kilómetros para conocer Granada. Posteriormente, me desplacé a Italia donde visité Roma, Florencia y Pisa, durante diez días.

En ambos países tuve la impresión de que los turistas tienen los mismo pros y contras. La parte positiva es que no hay que hacer filas kilométricas para ingresar a la basílica o a los museos del Vaticano, por ejemplo. Tampoco se necesita comprar con dos meses de antelación las entradas para visitar algunos monumentos como La Alhambra, en Granada.

Las visitas a la Alhambra, en Granada, están permitidas con la mitad del aforo y el uso de la mascarilla. Foto Cortesía de Natasha Cambronero.

En los lugares más visitados no hay tumultos de personas como los solía haber antes de la pandemia, no hay que luchar con las excursiones masivas para poder ver una escultura o un fresco en alguna iglesia.

Varios guías turísticos con los que hice algunos tours coincidieron en que la afluencia de visitantes se redujo en aproximadamente un 90%, pues quienes viajan ahora, en su gran mayoría, son los mismos españoles o italianos que han optado por hacer turismo a lo interno de sus países, o bien, europeos y latinoamericanos que ya vivían en la Unión Europea (UE) desde antes de la pandemia.

Además, en la mayoría de los sitios toman la temperatura antes de poder ingresar, disponen de alcohol en gel y han extremado las medidas de higiene en los baños.

En Roma, turistas se reúnen frente a la Fontana di Trevi. El uso de la mascarilla en lugares públicos no es obligatorio en Italia. Foto: Cortesía de Natasha Cambronero.

Otro beneficio de viajar en esta época es que el precio de los tiquetes aéreos ha bajado y los aviones difícilmente van llenos —o al menos así fue en mi caso—, y se puede disponer de hasta tres asientos por persona, incluso viajando con una aerolínea de bajo costo.

En los demás medios de transporte no ocurre siempre los mismo, en los viajes de larga distancia en Italia sí se procura que los pasajeros vayan sentados con un asiento libre de por medio e incluso, le dan a cada uno un kit con una mascarilla, alcohol en gel, agua y una servilleta. Pero en los viajes de corta distancia en tren y bus en cambio, tanto en Italia como en España, todos los asientos van ocupado y no existe ningún distanciamiento, ni burbuja social.

En los aeropuertos tampoco hay controles fuera de normales, solo verifican que el tiquete coincida con el pasaporte o documento de identidad y en el caso de España, piden llenar un formulario digital indicando algunos datos personales y de contacto, con el objetivo de rastrear al virus en caso de que se detecte algún contagio asociado.

Pero la coyuntura actual también trae sus contras. Algunos lugares turísticos no han vuelto a abrir sus puertas a causa de la covid-19, lo que impide conocer lugares con grandes atractivos y en otros casos, se restringió el acceso a algunas zonas, especialmente en museos, donde varias exposiciones han sido reducidas, como en el Prado, por citar un caso.

Ocurre lo mismo con varios hoteles o restaurantes, los cuales aún permanecen cerrados o ya no abrirán del todo a causa de la pandemia. Sumado a ello, los horarios de visitas a museos, monumentos e iglesias también han sido modificados y se han reducido los aforos y, al igual que en Costa Rica, no está permitido realizar ningún evento masivo, por lo que planear unas vacaciones para asistir a un partido de futbol o un concierto es impensable.

A esta “nueva normalidad” hay que añadirle la infaltable mascarilla. En España su uso es obligatorio todo el tiempo, salvo cuando se está en la casa, comiendo y/o bebiendo en algún bar o restaurante o haciendo ejercicio. Eso significa que, en ocasiones hay que caminar por la calle con ella, sin importar que la temperatura supere los 40 grados.

Sin embargo, eso no ocurre en Italia, donde nadie usa el cubrebocas, solo cuando se ingresa a un lugar público cerrado o se usa el transporte público. En esta nación también es difícil que las personas mantengan la distancia de un metro y medio, aunque en el suelo se coloquen señales de alerta, es como si uno no estuviera en uno de los tres países de la UE más afectados por la covid-19, junto con España y Francia.

En principio, cuando salí del metro en Roma y vi que nadie llevaba la mascarilla puesta fue como un shock, fue como pasar a una dimensión paralela, con menos restricciones a las que ya me había acostumbrado y creía que eran normales. Sentí como una especie de alivió (por el calor), pero de preocupación a la vez, ante el temor de estar más propensa a contagiarme del virus.

Torre de Pisa en Italia donde las medidas de sanitarias son menos estrictas que las aplicadas en territorio español. Foto: Cortesía de Natasha Cambronero.

Las alertas se encendieron aún más, cuando en vez de evitar el contacto con cualquier otra persona, era necesario pasar por las boleterías para imprimir las entradas para entrar a cualquier sitio y en los restaurantes se usa menús de papel y no digitales —con el escaneo de un código QR—, como ocurre en España. También utilizan servilleteros de uso común, algo que es impensable en suelo español, donde se procura reducir al mínimo el contacto entre desconocidos para evitar nuevos contagios.

Por el resto, todo transcurre igual, la gente visita los mismos monumentos, las mismas iglesias y los mismos restaurantes. Todos tratamos de llevar una vida “normal” en la medida de lo posible y más allá de los beneficios y los contras de viajar en época, lo importa es no bajar la guardia, mantener las normas de higiene y distanciamiento social como consignas inquebrantables para evitar el contagio y exponer a otros a esta enfermedad.

(*) Natasha Cambronero es una periodista costarricense quien actualmente vive en Madrid, España.

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