Con 30 años en turismo, versado guía se vio obligado a vender su microbús y hacer alitas de pollo para sobrevivir

Diego Soto tiene 30 años de trabajar en turismo. Su trabajo está en pausa desde hace cuatro meses y ahora apuesta a sus conocimientos en cocina para intentar generar ingresos. Foto cortesía de Diego Soto.

Rostros de la pandemia

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Luis Diego Soto se ha postulado para todo tipo de puesto. Buscó en Amazon, Cruz Roja, Más x Menos y hasta al chino de la esquina se le ofreció como congodolero, pero nada. Su currículo está sobrecalificado para los escasos puestos disponibles.

Tiene 50 años y 30 años de trabajar y vivir del turismo donde destaca como un reconocido guía.

Su historia no es única y quizá no sea la más desafortunada. Empero, su testimonio permite ponerle rostro a la dificultad que atraviesan los 3.875 guías turísticos certificados del país. A ellos, al igual que miles trabajadores, la crisis los tiene colgando de un hilo.

Soto se graduó en 1990 en el Centro Universitario de Cartago (CUC) como bachiller en turismo. Después, se especializó como guía naturista, guía en observación de aves y guía culinario.

También se preparó para traer al país al exigente turismo israelí, turistas con condiciones físicas especiales y en los últimos 12 años se dedicó a trabajar como guía independiente con el Instituto Costarricense de Turismo (ICT).

“Trabajo con compañías que subcontrata el ICT para hacer documentales como: National Geographic, History Channel, Discovery Channel. He sido guía de Bon Jovi, de Arnold Alois Schwarzenegger. Son historias que uno acumula con el tiempo” comenta el guía, quien actualmente es director ejecutivo de la Federación de Asociaciones de Guías de Turismo.

Este guía da servicios a turistas con condiciones físicas especiales. Foto: Luis Diego Soto.

Soto había logrado tal experiencia y diversidad en su trabajo que prácticamente no sentía diferencia entre temporada alta y temporada baja. Siempre tenía trabajo por hacer.

Con ayuda de una microbus llevaba y traía turistas por todos los rincones del país. Esta es su pasión y algo que lo hace muy feliz.

Con su trabajo pagaba la pensión de sus dos hijas pequeñas, la universidad de su hija mayor, la mensualidad de la casa, cubría todos sus gastos y, por supuesto, les daba una ayudita a sus papás.

Este 2020 la vida de Luis Diego Soto como la de millones de personas en todo el mundo, dio un giro tan inesperado como doloroso. La pandemia por el coronavirus cortó de tajo los viajes, las reservaciones, los planes y sus ingresos.

 En cuestión de meses pasó de ganar un promedio mensual de 2 millones a, prácticamente, depender del Bono Proteger, de sus padres y más recientemente de la venta de alitas de pollo.

La venta de alitas es por ahora su mejor opción y esto gracias a una vecina de Aserri quien le presta la soda para que pueda ir a vender su producto, tres días a la semana.    

“No soy solo yo. Somos un montón así. Un amigo va a Puntarenas, una vez a la semana, y trae pescado para vender. Otro vende huevos, otro va a Turrialba a comprar queso y viene a revender. Esto ha sido fatal”, comenta Soto que también distribuye productos de desinfección y limpieza.

Vendí mi machetico

Luis Diego cuenta que cuando apareció el primer caso de coronavirus en el país y se tomaron las primeras medidas sanitarias, él y sus compañeros del sector, creían que todo pasaría pronto.

Con el pasar de los días la realidad empezó a mostrarse con total crudeza.

Luego de agotar sus ahorros, se vio obligado a poner en venta su microbús, su machete de trabajo, para poder hacer frente a pagos pendientes y gastos prioritarios.

La vendió rápido, pero esto no fue suficiente. Optó por el bono proteger (se lo han dado dos meses), según cuenta, con eso compra la comida y paga los recibos básicos, pero tampoco alcanza.

Luis Diego Soto es guía y chofer desde el 2005.

Sus papás tuvieron que asumir el pago de la universidad de su hija mayor y su exesposa suspenderle el cobro de la pensión de sus hijas más pequeñas.

Esto, asegura, ha sido un gran alivio pues de lo contrario tendría que ir a la cárcel pues no tiene como pagar la pensión.

La casa en la que vive es grande y tiene un alto costo de financiamiento así como para mantenerla por lo que es el segundo bien que Diego pone en venta.

“Hoy vino la corredora de bienes a ver mi casa, la voy a vender porque no puedo pagarla”, dijo en entrevista con Costa Rica Noticias el martes pasado. Su idea, dice, es comprarse un apartamento más pequeño.

Un atún y el llanto incontenible

Pasar de generar recursos, moverse por todo el país, conocer y compartir con los clientes a tener que encerrarse y no generar nada ha golpeado la salud emocional de Diego.

“Es muy duro. Perder tu independencia financiera es muy duro. Cuando esto empezó yo pasé como 40 días encerrado por la cuarentena. La primera vez que salí para ir a ver a mis papás, mi mamá me saludó por la verja y me regaló un atún”.    

“Eso ha sido de lo más duro que he vivido en estos días porque más bien yo les daba a ellos”, narra sin poder contener el llanto.  

Cuenta que pasa horas de horas despierto.  A veces se duerme a las 2 de la madrugada y a las 5 a.m., ya está despierto. Y, aunque por ratos la ansiedad le pone a temblar el cuerpo, este guía de turismo sabe que pandemia pasará y llegará la hora de recomenzar.

“También hay que sacar lo bueno de todo esto. Y lo bueno es que la pandemia te enseña a vivir con poco y a valorar más el tiempo en familia y la salud”, reflexiona.

Costa Rica declaró el primer caso de covid-19 el 6 de marzo. A la fecha, el virus ha infectado a 15.841 personas y le ha quitado la vida a 115.