La vacuna contra el COVID-19 desarrollada por investigadores de la Universidad de Oxford ha logrado generar una respuesta inmunitaria positiva en los 1000 voluntarios que han participado en un primer ensayo clínico.

A pesar de que son resultados preliminares, llevan esperanza a prácticamente todo el mundo, que se mantiene a la expectativa de un tratamiento que pueda controlar la pandemia que se vive.    

Los científicos encargados de este proyecto ahora deben comprobar en un gran ensayo clínico su efectividad para prevenir la infección por SARS-CoV-2. Para ello se tendrán miles de voluntarios en Reino Unido, Brasil y Sudáfrica, países con una gran incidencia del coronavirus.

Eugenia Corrales viróloga de la Universidad de Costa Rica celebra la noticia y considera que la segunda fase del desarrollo de esta vacuna es la clave para evidenciar si efectivamente dará los resultados que se esperan.

Las estimaciones que hacen los científicos a cargo del tratamiento es que de continuar avanzando de forma positiva con el proceso, se comenzaría a producir 2.000 millones de dosis antes de finalizar el año.

Para Corrales de ser así, sería una respuesta oportuna y muy rápida para controlar la pandemia, aunque argumenta que se debe contemplar además el tiempo de distribución y producción de la dosis.

Pero no solo la vacuna de Oxford está a la espera de su efectividad, el Instituto Clodomiro Picado de la Universidad de Costa Rica anunció que ya se envasó con éxito los dos primeros lotes de inmunoglobulinas equinas con los cuales se pretende tratar a pacientes graves con COVID-19.

Ahora sigue una de las fases más estrictas del proceso: el control de calidad. En estos momentos, las formulaciones están siendo sometidas a una serie de rigurosos análisis que incluyen la prueba de esterilidad.

El propósito de la prueba es garantizar que el suero sea seguro para los pacientes antes de enviarlo a la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

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