Olga Vitinia Varela, nació hace 57 años en una familia conservadora, católica, y numerosa en el rural poblado de San Jorge en Cóbano en Puntarenas.  A los 16 años se mudó a Tilarán donde conformó una familia junto a Adolfo Murillo. La pareja procreó tres hijos: dos varones y una mujer y se arraigó en Tilarán.

 En ese contexto la palabra lesbiana estaba muy lejos del lenguaje común de Vitinia y nunca imaginó que pronunciarla le costaría tantísimo.

“ Yo no podía pronunciar la palabra lesbiana, no me salía”, dice ahora con la sensación de quien supera un trauma y se libera.

A sus 21 años, Ana María, la hija de Vitinia era una chica  coqueta y  femenina. 

Vitinia cuenta que para ella una lesbiana era una mujer fuerte, grotezca, con razgos masculinos, “lo que vulgarmente se nombraba como marimacha”. Por esa razón le costó comprender que a aquella coqueta y delicada veinteañera le gustaran las mujeres y no los hombres.   

Después de enterarse, pasó un periodo de negación y confusión. Pero la valentía de su hija la hizo despertar y tomar un vuelo que al día de hoy no para. 

Tal impulso llegó luego de que dos familiares cercanos tratarán mal a su hija. Dolió tanto que a partir de ahí no hubo vuelta de atrás. 

“Hay que ser valientes para ser fieles a sí mismos y no tratar de ocultar con una pareja del sexo opuesto, todo para tapar y no enfrentar una sociedad que discrimina”, dice la madre. 

 Vitinia se vino a San José a buscar ayuda. “Yo necesitaba informarme y educarme para comprender el mundo de mi hija”, cuenta.   

Se involucró en grupos de apoyo para padres de familia y poco a poco fue acercando a su esposo con quien asistió a varias marchas de la diversidad en San José. 

De ahí pasó a convertirse en protagonista de la campaña “Sí Aceptó”, la cual procuraba sensibilizar a la población de la diversidad sexual. 

“El amor está por encima de los prejuicios y mitos…Amo a mis hijos que son un regalo de la vida y de Dios. Cada uno de ellos son una oportunidad para mejorar como persona y esta chica es la que me ha dado la mayor lección. Por medio de su diversidad sexual hemos derribado esa cantidad de mitos y prejuicios que la sociedad y la cultura nos han hecho creer. Mi hija es un ser muy noble, una persona linda y no hay nada malo en ella. ¿Cómo no apoyarla y cómo no poner por encima el amor?”, cuestiona Vitinia.

Al llegar hasta este punto, Vitinia buscó una forma de gratificar el apoyo que ella y su hija recibieron.

Fue así como nació el grupo “Amor a la diversidad de Tila” un proyecto donde jóvenes homosexualmente diversos y padres de familia pueden acudir desde hace 8 meses para compartir experiencias, recibir charlas de diversos profesionales y apoyo mutuo. Al principio llegaron 15 personas, hasta de Liberia iban jóvenes o padres en busca de apoyo y comprensión, señala Vitinia.

La idea del grupo, dice Vitinia, es que las personas sexualmente diversas o sus familias sientan que es un lugar seguro donde puedan expresarse libremente sin temor a ser juzgados o rechazados.

También busca ser un apoyo para los muchachos quienes  al verse rechazados por sus familias y la sociedad tienden a caer fácilmente en problemas de drogas, sexo sin protección o alcoholismo.

El sueño de Vitinia y su hija es que estos grupos se extiendan a otras regiones de Guanacaste.

Redacción: Mercedes Agüero, Jefe de Información Costa Rica Noticias.