Karen Rodríguez, la médico que encaró al coronavirus en el epicentro de la crisis: el hospital de Alajuela

La Dra. Karen Rodríguez debió enfrentar el coronavirus, dos semanas después de asumir la Dirección Médica del hospital San Rafael de Alajuela. FOTO: Cortesía de Karen Rodríguez

"Cuando se dio la alerta del virus en Wuhan –China-   la gerencia médica nos compartió información. Nosotros recibimos la información como quien lo lee una enciclopedia, como quien lee la actualización del mundo en las noticias, sin pensar jamás que íbamos a tenerlo nosotros. Eso estaba muy lejos. Se hablaba de una enfermedad que, pensábamos, quizás no sea tanto, quizás no llegue, quizá exista alguna solución de aquí a que impacte directamente nuestro sistema de salud”, rememora la Dra. Karen Rodríguez Segura, directora del Hospital San Rafael de Alajuela.

El virus, que sucumbe ante una pompa de jabón, pero no respeta fronteras, ya venía en camino.

Cuando la enfermedad finalmente aterrizó en suelo nacional, el 6 de marzo, la Dra. Rodríguez cumplía apenas dos semanas al frente de la dirección Médica del hospital de Alajuela.

El responsable a hoy de 686 contagios de Covid-19 y seis fallecidos, no le anduvo con rodeos a la alajuelense de 35 años, especialista en Administración de Servicios de Salud.

El mismo día que se confirmó el primer positivo de coronavirus en el país, se alertó de un segundo paciente sospechoso. Un hombre de 54 años ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos de un hospital capitalino.

La sospecha, confirmada 24 horas después, ya había disparado las alarmas en cada rincón del nosocomio a donde Rodríguez había llegado el 24 de febrero.

El hombre de 54 años era el Dr. Reinaldo Albernás (qpd), ginecólogo del hospital alajuelense. Era su colega, subalterno y compañero.

La Dra. Rodríguez, madre de Sofía, una encantadora niña de 4 años, se enfrentaba así: cara a cara, con el coronavirus.

Nunca sospechó que su ciudad se convertiría en la “Wuhan tica” y su hospital en el epicentro de la crisis. El virus lo cambió todo, incluso el protocolo de saludo con su pequeña Sofía.

“Cuando llega –el coronavirus –, nosotros tuvimos que empezar a tomar decisiones”, explica la médico en una entrevista con Costa Rica Noticias.  Aquí parte de la conversación.

_En un determinado momento, gran parte del personal del hospital se tuvo que mandar para la casa. ¿Cuánta de esa gente ya se reincorporó?

_ Bueno, podría decir que casi un 85 % de los compañeros que estuvieron fuera ya está laborando. Tuvimos aproximadamente 415 funcionarios incapacitados, en algún momento.

_ ¿De cuántos?

_De 1.600 funcionarios. Lejos de visualizar esto como una tragedia, más bien le he agradecido a Dios porque todo ha pasado según él lo ha dispuesto y, pese a la crisis, nos ha dado la oportunidad de ir visualizando estrategias. Se lo digo así, porque el 6 de marzo fue un día trascendental para nosotros.

_Contagiados, ¿todavía tienen?

_Tuvimos 32 funcionarios contagiados. En este momento tendría que revisar en nuestra base de datos y estadísticas para ver a cuantos les falta la prueba negativa, porque todavía hay compañeros que están en la casa y siguen saliendo positivos, les hace falta la negativización de la prueba.

_ ¿Qué ocurre a partir del 6 de marzo?

_Hubo que organizarse o reorganizarse y sectorizar el hospital. Empezamos a ver a los compañeros con la ansiedad esa de decir: ¿Estaremos nosotros enfermos?, y a ver que con el pasar de los días iban saliendo casos positivos de diferentes servicios.

¡Sí, fue muy complicado, no le voy a mentir! Al tener esa situación de los compañeros, empezamos a hacer una especie de cierre técnico. En ese momento, la enfermedad dejó de ser lejana para mí.  

Sin embargo, optimizando el recurso, la gerencia determinó un flujograma de atención nacional y en este momento nosotros somos considerados como un hospital Covid.

Eso quiere decir que somos el apoyo Covid del Cenare para atender los casos confirmados leves del país, en caso que el Cenare lo requiriera.

_Entonces, ¿el traslado de pacientes del Cenare a cuidados intensivos les toca a ustedes?

_No porque para la parte de cuidado crítico se destinaron los tres hospitales nacionales.

_ ¿El México, el Calderón Guardia y el San Juan de Dios?

_Sí, nosotros estamos hablando de pacientes leves moderados que no requiere una UCI. Tenemos una unidad de cuidado crítico, en donde hemos egresado ya una paciente y nos queda una paciente más.

La enfermedad tiene un comportamiento agresivo, no en todos los pacientes, gracias a Dios, pero en algunas situaciones es importante tener una unidad lista. Ese es nuestro ‘backup’ por ponerlo así, pero no somos considerados el hospital para pacientes críticos, sino para los leves moderados.

Acá se hizo una división. En ese momento, el 6 de marzo, se tomaron algunas decisiones y se sectorizó el cuarto piso. Ahí está la unidad Covid. Fue un trabajo del equipo de Medicina Interna, que hizo una excelente labor. Hay un equipo asesor Covid que es interdisciplinario. Incluso, Trabajo Social participa con ellos abordando los casos.

– ¿Cómo funciona ahora este centro médico?

El hospital se dividió en dos: la parte de emergencias y la parte de hospital de día.

Manejamos, por un lado, las personas con problemas respiratorios, sospechosas o confirmadas de Covid-19 y, aparte, los demás pacientes.    

Esto implicó una reestructuración. En medicina fue donde hicimos el impacto más grande, se sectorizó, se remodeló, se pusieron puertas de vidrio, se hicieron aislamientos.

El equipo de medicina, se reúne todos los días, a las 2 de la tarde por videollamada o por Skype y comentan los casos y les van dando seguimiento a los pacientes. Esto ocurre, sábados, domingos, feriados. 

Es un reto, pero también en una satisfacción, porque cuando empezamos a ver a nuestros pacientes que se egresan, pues nos motivamos y nos convencemos de que no tenemos que sentirnos lesionados por haber sido el primer hospital con el virus.

Más bien, hemos dado un paso adelante para decirle a la gerencia de la Caja que podemos ayudar, ya tenemos la experiencia, ya entendemos el problema, ya lo abordamos y estamos complacidos en colaborarle al resto de los hospitales del país.

_Todo esto de la reorganización, la reestructuración y hasta la remodelación a nivel físico ocurrió en término de una o dos semanas. 

_Sí, fue una locura. El caso se informa un viernes a las 8 de la noche, al domingo ya teníamos el hospital de día funcionando y en la primer semana teníamos cubículos de UCI con aislamiento.

Acciones solidarias

Debo agradecerle profundamente, primero a las instituciones que trabajamos de forma conjunta como el caso del Ministerio de Salud y la gerencia médica. También se unieron empresas alajuelenses, la Fundación pro hospital que como siempre nos colabora, empresarios nos donaron insumos y hasta las puertas para aislamiento.  Surgió un sentimiento de compañerismo, de equipo, que teníamos que salir delante de que no podíamos esperar a que la enfermedad siguiera creciendo.

No le puedo decir que no vayan a salir más pacientes Covid porque ya tenemos la enfermedad en la comunidad y es bastante difícil, pero siento una gran satisfacción que como equipo y como unidad logramos contener y sostener la crisis.

Logramos, en medio de la situación del huracán, decir, un momento esto es lo que tenemos que hacer, vamos a tirar esta línea de trabajo, vamos adelante, vamos atendiendo los que van cayendo y los que siguen en pie soportan al que se cayó.

_Imagino que esas primeras semanas estuvo 24/7 como muchos otros funcionarios, sin poder dormir, comiendo a la carrera. ¿Cómo fueron esos días?

_Bueno, le diría que hasta el día de hoy, eso no ha cambiado. Desde el 6 de marzo no ha habido día libre. Aquí la gente tiene un compromiso impresionante. Me tocó llamar un día a mantenimiento en la noche y llegaron. Me tocó decirle al comité de vigilancia epidemiológica, un viernes a las 9 de la noche, los necesito en el hospital y ahí llegaron.

Hasta el día de hoy no hemos sentido lo que es un sábado, un domingo o un día feriado. Incluso, la Semana Santa que uno cree que las cosas se van tranquilizando, pero siempre hay algo en temas Covid que nos genera una réplica en otra área. 

_¿Cómo altera esto la vida familiar?

_Tengo una hija de 4 años. Ha estado sacrificadísima. Tenemos un protocolo de entrada, porque ya no nos podemos dar besos. Mi esposo también es médico, y tenemos un ritual de entrada, de quitarnos la ropa que traemos del hospital, bañarnos y ella ya reconoce el protocolo. Ella se espera obediente a que nos bañemos para poder saludarnos con la manita y el codito y eso fue a partir del Covid-19.

Es doloroso porque soy mamá y estoy deseando comermele los cachetes, pero no se puede.